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La mirada de

Jane Goodall premios ecovidrio

Jane Goodall

Primatóloga

Con solo 23 años y sin experiencia previa en el campo de la investigación científica, Jane Goodall se trasladó a África para convivir con chimpancés en estado salvaje. Sus investigaciones han revolucionado al mundo entero. Cuenta con más de 100 premios internacionales, es Mensajera de la Paz de la ONU y Doctora Honoris Causa por más de 45 universidades de todo el mundo. Es fundadora del Instituto Jane Goodall, presente en 30 países incluyendo a España y creadora del programa global de educación ambiental Roots&Shoots.

“Todos podemos y debemos involucrarnos para hacer de este mundo un lugar mejor”

Pese a que algunos lo nieguen por intereses personales o corporativos, el cambio climático está ocurriendo y está afectando a los bosques, a los océanos, a las personas. Pero no es un problema simple; se debe a una combinación de distintos factores, además de las políticas ambientales de los gobiernos y las empresas. Uno de los problemas es la pobreza. Cuando hay pobreza extrema, una familia sufre hambre y llega a talar hasta el último árbol para comer; a otras familias de escasos recursos no les queda otra que comprar los productos más baratos, como alimentos que se producen de manera no sostenible a nivel ambiental, o ropa que se elabora en condiciones no dignas. Intentan satisfacer sus necesidades del modo que sea posible.

Parque Nacional Gombe Stream (Tanzania)

Jane Goodall plantando un árbol en los alrededores del Parque Nacional Gombe Stream (Tanzania). Fotografía de Morten Bjarnhof.

 

Otro gran problema que subyace a las problemáticas ambientales es el estilo de vida consumista del resto de la población. Muchos de nosotros tenemos muchas más cosas de las que realmente necesitamos, e incluso hay gente que tienen un nivel de consumo altísimo, muy por encima de la media. Y no podemos olvidar que el consumo de combustibles fósiles y la demanda de carne de la ganadería intensiva tienen también un impacto ambiental grandísimo, en producción de gases de efecto invernadero, contaminación, deforestación para cultivos forrajeros, sufrimiento animal, problemas sanitarios, etc. Llevamos un estilo de vida que no es sostenible, y eso tiene un gran impacto en el ambiente, en otras especies y en la nuestra también, con un alto precio a corto y largo plazo. Tenemos que implicarnos en reducir el consumo, reutilizar, reciclar, y preguntarnos de dónde vienen y qué impacto tienen las cosas que compramos, que comemos, que usamos. Cada decisión marca una diferencia, para bien o para mal.

Parece que no tomamos conciencia del daño que hacemos al único lugar que tenemos para vivir. Parece que hayamos perdido sabiduría, esa sabiduría de la que hablan muchas poblaciones indígenas, la que nos debe llevar a pensar, cada vez que tomamos una decisión, cómo va a afectar esta a las próximas generaciones. Hoy muchas de las decisiones se basan en cómo van a incidir en nuestro bien personal, en las acciones de determinada empresa o en la próxima campaña política.

La doctora Jane Goodall y alumnos participantes en el programa "Roots & Shoots" plantan árboles en Singapur
La doctora Jane Goodall y alumnos participantes en el programa “Roots & Shoots” plantan árboles en Singapur. Fotografía de Chris Dickinson.

 

A veces me preguntan si vale la pena continuar luchando. Pero no pasa un día en que no vea a un niño pequeño y, al mirarlo, me pregunte cuánto daño le hemos hecho al planeta desde que yo tenía esa edad. Me da una sensación de enfado y vergüenza. Y como soy una persona extremadamente obstinada, no voy a dejar que eso me lleve a la desesperanza y sigo esforzándome por encontrar soluciones. Por eso continúo viajando por el mundo 300 días al año y trabajando en educar a las nuevas generaciones, para que sean mejores que nosotros. Desde 1991 he creado e impulsado un programa de educación ambiental llamado Raíces y Brotes (Roots&Shoots), que comenzó con un puñado de jóvenes tanzanos y hoy se expande a casi 100 países, incluyendo España, con miles de grupos de diversas edades. Los jóvenes, cuando tienen la información y son empoderados, pueden hacer mucho para cambiar el mundo; de hecho, ya lo están haciendo, con increíbles proyectos humanitarios, de protección de animales y del medio ambiente, con inspiradoras campañas de reciclaje de móviles como “Movilízate por la selva” en España, para sensibilizar sobre los minerales de conflicto extraídos de África y ayudar desinteresadamente en proyectos educativos y de conservación. Son todos ellos los que me dan energía y esperanza para seguir trabajando por un mundo mejor. A ellos se lo debemos.

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