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¡Upa Chalupa!: de Alaska a la Patagonia con aceite reciclado

El aceite vegetal usado es un residuo presente en nuestras cocinas, de difícil eliminación y extremadamente contaminante. Vertido al sistema de saneamiento, incrementa sensiblemente los costes de depuración, pudiendo llegar a causar daños en el medio ambiente.

Carola Teixidó y Víctor Millán son una pareja de creativos chilenos que afrontan un gran reto basado en su compromiso con el medio ambiente: recorrer 45.000 kilómetros aprovechando parte de la ruta Panamericana desde Alaska a Chile utilizando aceite de fritura reciclado como combustible. En este artículo nos subimos a su camioneta y hablamos con ellos sobre su aventura.

Carola y Victor sobre su camioneta que funciona con aceite reciclado
Carola y Víctor en su casa rodante

¿Cómo se os ocurre el proyecto Upa Chalupa!?

Siempre soñamos con recorrer el continente americano de forma autónoma en una casa rodante. La idea surgió mientras pasábamos una temporada en Canadá. Vic propuso “¿Y si volvemos a Chile conduciendo?” y así, sin darle muchas vueltas, nos lanzamos a la aventura.

En Chile, “Upa? Chalupa!” es un dicho que se usa entre dos personas, cuando uno propone algo y el otro rápidamente se suma sin pensarlo dos veces. Así ha sido un poco nuestra historia de pareja y también la decisión de este viaje, por lo que encontramos que tenía mucho sentido llamarlo así.

 

Imagino que preparar un viaje así no es tarea sencilla ¿Podéis contarnos un poco más de los momentos previos?

En general, tuvimos que aplicar toda nuestra imaginación para llevar adelante este proyecto. En primer lugar, las caravanas son caras y nosotros ya teníamos una camioneta. Así que decidimos transformarla para convertirla en nuestra casa rodante, teniendo en cuenta que el proyecto llevaría 1 o 2 años.

Haciendo los cálculos asociados a un viaje de estas características, nos dimos cuenta de que el combustible era lo más caro por lo que comenzamos a ver alternativas para reducirlo. Leímos sobre distintos tipos de combustibles alternativos hasta que dimos con el aceite vegetal usado, idea que nos fascinó por todos los beneficios que trae consigo, tanto medioambientales como sociales y económicos. De esta manera, el viaje se fue transformando y enseñándonos cosas muy interesantes sobre reciclaje y medio ambiente. Este aprendizaje es el que hemos tratado de compartir e incorporar en nuestras vidas.

 

¿Tuvísteis que hacer algún tipo de modificación en la camioneta?

Hicimos ajustes menores, como instalar una bomba más potente que capturara el aceite que es más denso que el diesel y un filtro adicional para evitar que el motor, que no intervenimos para nada, se contaminara con impurezas. Lo más importante es calentar el aceite antes que entre al motor para que tome una consistencia similar a la de los derivados del petróleo, esto lo logramos intercambiando temperatura con el líquido refrigerante.

 

¿Cómo conseguís el aceite vegetal durante la ruta?

El reto es importante. Está claro que es mucho más fácil ir a una estación de servicio y llenar el tanque en dos minutos. Nosotros teníamos que buscar proveedores de aceite de fritura en cada etapa, frecuentemente restaurantes.

En algunos lugares nos resultó más fácil que en otros. En Estados Unidos, por ejemplo, las políticas medioambientales son más estrictas y la mayor parte de los establecimientos tienen contratos con empresas recolectoras o estaciones de elaboración de biodiesel por lo que nos resultó complicado encontrar suministro. En cambio, en Latinoamérica, muchos locales tiraban su aceite a la basura o a la red de saneamiento, en general por desconocimiento. Tuvimos que adelantarnos y crear una estrategia para evitar que lo tiraran y comenzamos a contactarlos por Facebook y Twitter contándoles nuestro viaje. De esta forma,  ellos se comprometían a guardarnos el aceite y nosotros al llegar a esa localidad sólo teníamos que pasar a retirarlo.

Invertimos mucho tiempo en buscar aceite, ir a retirarlo, testearlo (que no tenga agua ni grasa), filtrarlo, almacenarlo en bidones en la camioneta e ir cargando a medida que lo íbamos necesitado. Filtrar 20 litros de aceite nos lleva aproximadamente entre 30 y 40 minutos. Previamente, tenemos que armar nuestra “estación de reciclado”, que consta de una centrífuga y los bidones.

Todo lo relacionado con el aceite ha sido una experiencia única, ya que filtramos en la calle y la gente se amontona a ver que estamos haciendo. Las caras de sorpresa al explicarles que el vehículo funciona con aceite son increíbles. El filtrado lo hacemos al aire libre, por lo que si está lloviendo se nos complica mucho la situación ya que el aceite nunca puede mezclarse con el agua. Sin embargo la recompensa en ahorro, conocimiento e inspiración para otras personas hacen que todo esto valga la pena.

Victor filtrando el aceite vegetal
Victor filtrando el aceite vegetal

 

¿Nos puedes contar algunos de los momentos más críticos o peculiares de vuestro viaje?

Tenemos que agradecer que no hemos tenido momentos difíciles de los cuales no hayamos podido salir. Cuando ha fallado la camioneta, hemos tenido la suerte de que ha habido un teléfono un par de casas más allá, o un pueblo cercano o un lugar donde parar la camioneta que no sea en mitad de la carretera. Por ejemplo, en el Yukon, estuvimos un mes parados con el invierno pisándonos los talones, pero conocimos a una chilena que nos acogió en su casa.

En Canadá hay animales muy grandes como osos y alces que se sienten atraídos por el olor a comida que desprende el aceite de fritura. Una vez nos llevamos un gran susto al ver como un oso intentaba abrir uno de nuestros bidones de aceite. Probablemente quería comer y no logró abrirlo. En México, acampando a la orilla de un lago en la oscuridad absoluta, vimos que la camioneta empezaba a moverse como si alguien estuviera intentando forzar la puerta. Al enfocar con la linterna descubrimos un caballo rascándose contra nuestra camioneta.

 

¿Consideráis que vuestra propuesta es factible?

Pese a las dificultades que os hemos comentado, creemos que servimos de inspiración a algunas personas que se plantean el uso de otros combustibles alternativos. Estamos informando y generando conciencia de que este desecho altamente contaminante se puede reutilizar evitando contaminar miles de litros de agua, disminuyendo las emisiones de CO2 y ahorrando dinero.

Estamos en un momento mundial importante con respecto al uso de combustibles fósiles y aún hay gente que cree que no está en nosotros generar los cambios que mejoren el medio ambiente. Nosotros creemos y aprendimos que sí, que está en nosotros como individuos y como grupo generar y exigir a nuestros gobiernos que vayamos disminuyendo el consumo de combustibles fósiles y empleemos nuevas tecnologías menos contaminantes. El aceite reciclado no es el combustible del futuro, pero sí es un escalón más hacia la búsqueda de alternativas más limpias.


 

A día de hoy Carola y Víctor llevan en ruta 1 año y 10 meses, durante los cuales han recorrido 45.000 kilómetros usando más de 5.000 litros de aceite reciclado lo que supone una reducción aproximada de 14 toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera, Hablando en vidrio, el  equivalente a reciclar 42.000 botellas de vidrio.

Puedes seguir sus aventuras en su blog personal, twitter o Facebook.

 

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