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Seis lecciones que aprender para una Navidad sostenible

ciudad iluminada en Navidad

 

Pocas fiestas se asocian con más fuerza al despilfarro que las Navidades. Los excesos son evidentes, desde la iluminación cegadora de muchas ciudades, a los escaparates resplandecientes, el incremento de anuncios de televisión, sobre todo de perfumes o juguetes, o los grandes faustos con fuegos artificiales. 

El gasto energético se desborda y la basura del final de fiesta hay que recogerla. Y aunque sobre lo que hagan los grandes centros comerciales o los ayuntamientos, tenemos poca capacidad de acción, sí que hay decisiones en nuestra mano para hacer de estas fiestas una etapa menos hostil para el medioambiente e incluso para a nuestra salud (y la de nuestro bolsillo). 

Cada uno de los españoles genera 478,7 kilogramos de residuos urbanos al año, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), de los cuales  alrededor del 30% se generan en la temporada de Navidad, estima Ecologistas en Acción. Reducir esta casi media tonelada de basura per cápita no es difícil si atendemos a algunas de las lecciones que nos dejan cada año estas celebraciones. Nuestro propósito para 2024 (sí, aún estamos a tiempo) es que disfrutemos mucho, pero aprendamos a hacerlo mejor. 

 

Comida navideña abundante

Foto de Nicole Michalou

 

  1. Comernos todo lo que hay en el plato

Quizá te parezca una tarea titánica, porque el buque insignia de estas fiestas es la comida. Las cenas de Navidad o Nochevieja, las de empresa, las que hacemos con amigos, o las bandejas constantemente llenas de dulces típicos o de jamón en la mayoría de las casas son la estampa más repetida de estas celebraciones. 

Pero más allá del gasto, los ardores de estómago o los posibles efectos en los análisis de sangre, la realidad es que mucho de lo que cocinamos no llega a consumirse. Según la encuesta realizada por Appinio 1 para Too Good To Go, durante estas fiestas en los hogares españoles se acaba desperdiciando entre el 10% y el 20% de la comida que se compra y se cocina. ¿De verdad hace falta comprar tanta comida? 

Según cuenta en el libro ‘Comer con cabeza’ la periodista Élise Desaulniers:

“…el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados son imputables a la producción de alimentos que no llegan a ser consumidos.

Afirma que la descomposición de los alimentos arrojados a los vertederos entraña una importante emisión de metano, uno de los tres principales gases de efecto invernadero, y que el agua utilizada para producir la comida que no es consumida sería suficiente para atender las necesidades de nueve mil millones de personas. Por ello, nos propone un plan de acción en 11 pasos para evitar el desperdicio de comida:

  • Planificar. “Sin saber muy bien lo que necesitamos, tendemos a sobreestimar nuestras necesidades”, dice la periodista. 
  • Mantener la nevera en orden. “La mayoría de las veces, cuando tiramos alimentos, es porque nos hemos olvidado de ellos”. 
  • Comprar con frecuencia. “Así nos aseguramos de tener siempre alimentos frescos y optimizamos el aporte de vitaminas de nuestras frutas y verduras”.
  • Comprar directamente al productor. “Hasta la mitad de la verdura producida por las grandes superficies no alcanza los mostradores de los supermercados. Estas pérdidas se reducen al mínimo si le compramos directamente al productor”.
  • Elegir. Nos anima a adaptar sin miedo nuestras recetas a los ingredientes de los que ya disponemos: “¿De verdad es necesario comprar un manojo de seis cebolletas si solo necesito una?”.
  • Conservar. En agua las lechugas o las finas hierbas, en recipientes herméticos los restos de las comidas, las frutas y verduras en los cajones de la nevera y no en bolsas de plástico.
  • Congelar. Casi todo puede congelarse durante tres meses, según Desaulniers. 
  • Servir raciones más pequeñas. Y servirse de nuevo si es necesario, pero no “dejarse el plato medio lleno”.
  • Leer las etiquetas. “Consumir preferentemente’ no significa ‘después no estará bueno”.
  • Utilizar los restos. Lo que nos sobra de la fruta, verdura o pan, puede servir para zumos, caldo o picatostes.  Y aconseja hacerlo también fuera de casa: “Pedir en un restaurante que te lo pongan para llevar”.
  • Compostar. Como último recurso. “El compostaje de materia orgánica resulta más ecológico que su vertido, que entraña la producción de biogás contaminante”. En este artículo te damos algunas claves para iniciarte en el compostaje. 

 

adornos navideños

Foto de Pavel Danilyuk

 

  1. Bonito no significa nuevo

¿Cambias la decoración navideña todos los años? Las guirnaldas, bolas de navidad o las figuritas del Belén no caducan, pueden llevar décadas entre nosotros sin necesidad de tirarlas o comprar nada nuevo. Aunque quizá con el tiempo o al guardarlas, sufren algún accidente. Parte del rito de decorar una casa puede ser arreglar esos pequeños desperfectos, e incluso puede ser un buen entretenimiento en familia si hay niños en casa. Eso sí, si quieres que el año que viene estén perfectas, acuérdate de guardarlas con cuidado.  

Si te apetece incorporar elementos nuevos en tu decoración, siempre podemos echar mano del reciclaje. En este post te proponemos algunas ideas para grandes y pequeños, con botellas de vidrio recicladas. Te garantizamos una decoración original. Y depende de tu maña, tan espectacular como la de diseño. 

La Navidad significa luz, pero recuerda que el consumo energético durante los meses de diciembre y enero aumenta. Para no contribuir a este gasto, existen alternativas para cualquier nivel de compromiso que quieras tener. Se pueden usar luces más ecológicas, como leds, o incluso cadenetas con materiales reflectantes.  Pero también se puede prescindir de la iluminación y decorar con materiales reciclados, o con las mismas guirnaldas de toda la vida. Le van a dar el toque festivo que necesitas a tu casa, y seguro que les tienes más cariño. 

 

  1. Movernos sí, pero con cabeza

Vuelves a casa, como el turrón, y de algún modo tienes que hacerlo. Los vuelos en los días previos a las festividades importantes se incrementan en todas las compañías aéreas, y quizá no tengas más remedio que coger un avión, pero si no, asegúrate de elegir el modo más ecológico de hacerlo. 

La red española de trenes no es perfecta pero muchos trayectos son posibles en este medio de transporte, que además tiene la menor huella ecológica. Quizá el encaje de bolillos con las vacaciones no te permite comprarlos con mucha antelación, pero lo bueno es que las fechas no cambian, así que cogidos con tiempo, puede ser además una opción bastante económica. 

Valora el transporte compartido. Si coméis todos en casa de los abuelos, ¿no podéis usar un solo coche? Además, después de brindar con cava es mejor no ponerse al volante. En grandes ciudades, además está la opción de alquilar por minutos coches o motos eléctricas. 

Si viajáis todos juntos para celebrarlo, opta por viajes de proximidad. ¿Estás seguro de conocer todos los rincones de tu ciudad o tu comarca? Una excursión por ese paraje cercano pero desconocido puede ser una experiencia. Sobre todo si la compañía es buena. Dejas dinero al comercio local y apoyas a tu comunidad. Te permitirá conocer algo más de tu tierra y quien sabe si en el pueblo de al lado celebran la Nochevieja de un modo especial. Investiga. 

 

intercambio de ropa

Foto de cottonbro studio

 

  1. Guapearnos es cuestión de actitud

Otra industria potente de la celebración de Nochevieja y de todas estas fiestas, asociada a los eventos y a las celebraciones pero también a los regalos, es la ropa. 

Esto afirman las periodistas Laura Villadiego y Nazaret Castro en su libro ‘Carro de Combate’:

“La ropa no solo deja a su paso un reguero de consecuencias sociales y ambientales: también puede afectar a la salud del consumidor final que viste la prenda. Muchos químicos se utilizan en la industria indumentaria, sobre todo en el tratamiento y tintado de los tejidos. En tintes y pigmentos se utiliza plomo (tóxico para el sistema nervioso y los riñones), níquel (vinculado a alergias y cáncer) y sustancias cancerígenas como las arilaminas”.

En los últimos años han aparecido nuevas firmas que ofrecen ropa producida en condiciones de proximidad y dignidad laboral”, continúan. Existen sellos y certificadosque pretenden fiscalizar la huella ecológica y la responsabilidad social de la ropa que compramos. El certificado Oeki-Tex pretende garantizar que se utilizaron materias primas con criterios ecológicos, mientras que el sello Made in Green, de Aitex, refiere a productos textiles elaborados con la garantía de ausencia de sustancias nocivas para la salud. Por su parte, la etiqueta ecológica europea Eco Label certifica productos ecológicos y respetuosos con el medioambiente”.  

La mejor alternativa, la mas ecológica, dicen las periodistas, es la reducción del consumo. Existen alternativas, desde el intercambio de ropa entre amigos hasta los talleres de costura donde nos enseñan a sacarle nuevo partido a las prendas de las que nos habíamos aburrido”. 

También el alquiler de ropa está a la orden del día. Si lo hace la infanta Sofía, ¿por qué tú no?

 

  1. Noche de paz, eso es lo que queremos

Un clásico de Nochevieja y de los días de alrededor, son los petardos. El top 1 de la contaminación acústica. Te explicábamos en este artículo que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido genera impactos cardiovasculares y metabólicos, efectos sobre el sueño, deterioro cognitivo y de la audición, tinnitus o acúfenos (percepción de ruidos o zumbidos en el oído), problemas en los nacimientos y en general en la calidad de vida, la salud mental y el bienestar. 

Además del consabido horror que el estruendo de los petardos resulta para niños y animales. 

 

regalos útiles navidad con lazos

Foto de Alex Fu en Pexels

 

  1. Tener detalles que no acaben en la basura

Además de la comida, los regalos son la otra punta de lanza del consumismo desaforado en estas fechas, y renunciar a él o reducirlo es parte esencial, pero si queremos dar algún detalle, hay alternativas más verdes. 

Los móviles, ordenadores u otros aparatos electrónicos están presentes en la mayoría de cartas a los reyes magos. Pero, ¿y si en lugar de regalar uno nuevo llevas a reparar ese al que tu ser querido tiene tanto cariño? Muchas veces los precios de las reparaciones nos hacen pensar “para eso, mejor pongo un poco más y compro uno nuevo”, pero no siempre es necesario. ¿Por qué no hacerte cargo del cambio de esa pantalla, de una mejora de batería o de la reparación integral de un aparato que parecía muerto? El coste medioambiental es prácticamente cero, y la ilusión puede ser la misma. 

Por otro lado, regalar juguetes educativos, de materiales naturales o reciclados, y sin componente tecnológicos no es solo una buena opción para la educación de los más pequeños, sino para el medioambiente. Una pila de botón puede contaminar hasta 6.000 litros de agua, según un informe de la Fundación Ecolec.

El regalo solidario también se ha puesto de moda en los últimos tiempos, aunque en muchos casos pasa por comprar algo que nunca vas a usar, así que ¿y si os ponéis de acuerdo y dais dinero todos juntos a una causa que os importe? Si quedáis para comer turrón y comer chocolate y hablar de las opciones, ya tenéis una tarde navideña en familia y un dinero invertido en algo que de verdad importa. 

Por supuesto, siempre se puede comprar algo que ya han usado otras personas: el de la ropa ‘vintage’ o segunda mano es un mercado cada vez más potente cuyo impacto ambiental se reduce al transporte y poco más, y los libros o videojuegos usados son una opción tan útil como los nuevos. Si además regalas un libro de cocina de aprovechamiento, “alimentas dos pájaros con un bollo”.  

Aunque si no te queda más remedio que comprar algo nuevo, también puede hacerse sin mirar para otro lado en la cuestión de la sostenibilidad. Para la ropa, mejor “tejidos naturales (lana, algodón, lino, bambú, seda yute, cáñamo) en vez de sintéticos (procedentes del petróleo como el nailon o la lycra) o artificiales (de origen natural pero sometidos a procesos químicos como el rayón, la viscosa o el acetato)”, dicen Villadiego y Castro, porque “son reciclables y menos contaminantes, tanto en su producción como en su gestión como residuo. Otra buena opción es elegir materiales reciclados. Y por supuesto, evitar pieles especiales, que han llevado al borde de la extinción a especies como la nutria o el lince”. 

Aquí te dejamos algunas ideas sobre regalos ecológicos con los que quedar maravillosamente. 

 

Bonus track: ¿Envolver o no envolver?

Cada ciudadano de España gasta 176 kilos de papel al año. Si hay un elemento prescindible es el de envolver los regalos. No por ello hay que eliminar la sorpresa: se pueden tapar con telas, usar papeles de otros años (¿por qué necesitamos que no tenga arrugas y sea perfecto?), o incluso, para aquellos que sigan consumiendo prensa en papel, usar hojas ya leídas de revistas o periódicos. Esta última opción da lugar a mucha más creatividad de la que pueda parecer en un primer momento. 

Pero si vas a comprar, que sea reciclado, el papel es un material 100% reciclable. Y en lugar de cinta adhesiva, puedes usar un lazo, y así, seguir reutilizando.

 

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