Chatbots, gemelos digitales, movilidad urbana… Así usa la inteligencia artificial ciudades para transformarse en espacios sostenibles.
En apenas unos años, la digitalización ha llegado a nuestras vidas cambiando las relaciones humanas y la gestión de los recursos. El nuevo ecosistema digital permite a las ciudades mejorar su urbanismo y sus servicios públicos, adaptarse a cambios inesperados y ampliar la interacción con sus ciudadanos. En este contexto, la inteligencia artificial en ciudades se posiciona como una de las palancas clave para impulsar la transformación urbana hacia un modelo más eficiente y sostenible.
La implantación progresiva del 5G en la telefonía móvil, añadida a las nuevas posibilidades innovadoras de las llamadas tecnologías habilitadoras, como inteligencia artificial (IA), Big Data, Machine Learning, Internet de las Cosas (IoT), Cloud Computing o Realidad Virtual, genera nuevas oportunidades para las ciudades que aspiran ser más sostenibles, eficientes y competitivas.
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¿Qué aporta la inteligencia artificial a las ciudades?
Gracias a los avances en la gestión del dato (Big Data) los responsables municipales pueden manejar una ingente cantidad de indicadores de diferentes actividades urbanas (movilidad, gestión el espacio público, consumo de energía, mantenimiento de parques, actividades comerciales, reparto de mercancías, contaminación del aire, recogida de residuos, abastecimiento y saneamiento del agua…).
Normalmente, se hace desde plataformas tecnológicas que agrupan y cruzan todos los datos para que los responsables municipales puedan interpretarlos y formarse una idea muy aproximada de cómo funciona el metabolismo de su ciudad y dónde se pueden mejorar los servicios urbanos a la vez que se reducen los impactos ambientales.
Beneficios en la gestión urbana
La gran diferencia que marca la inteligencia artificial en ciudades (especialmente la generativa) está en que puede proponer diferentes modelos predictivos para anticipar posibles soluciones a problemas urbanos. Por eso, los urbanistas usan esta nueva herramienta tecnológica para planificar y diseñar los nuevos crecimientos urbanos o aplicar transformaciones importantes en la ciudad ya existente, así como en la mejora de los servicios.
También es una herramienta muy útil, precisamente por su carácter predictivo, para que las ciudades puedan afrontar los retos globales como la adaptación al cambio climático, el aumento de población, la renovación de sus infraestructuras críticas, etc.
Sin embargo, hay cuatro factores claves para que el uso de la IA sea tanto factible como rentable: saber recopilar los datos, formar a los técnicos para usar la herramienta, involucrar a la ciudadanía y definir un marco ético en su uso.
Un caso reciente de uso de la inteligencia artificiar en ciudades para analizar los problemas urbanos, es el informe “Urban Heat Snapshot” de la ingeniería ARUP, elaborado con sistemas de IA e imágenes satelitales para definir cómo afectan las islas de calor en seis ciudades del mundo: El Cairo, Londres, Los Ángeles, Madrid, Mumbai y Nueva York. El centro urbano de la capital española es el que tiene más isla de calor, con 8,5 grados de más respecto a su entorno rural.
Ejemplos de inteligencia artificial en ciudades del mundo
Según la Alianza Global de Ciudades Inteligentes del Foro Económico Mundial (WFE por sus siglas en inglés), nueve de cada diez ciudades del mundo quieren aplicar la inteligencia artificial en la gestión de sus espacios urbanos, pero solo el 2% la están usando actualmente. Por otro lado, Forbes confirma que las ciudades están todavía en un proceso muy incipiente en el uso de la IA.
Según el ranking del WFE hay una veintena de ciudades que lideran el uso de la IA. De esta lista, se deduce que Europa lidera la transformación de las ciudades inteligentes, (12 de 20) a las que se suman algunas ciudades asiáticas y australianas. El ranking lo lideran las ciudades de Zúrich, Oslo, Camberra, Copenhague. Lausana y Londres.
Algunos casos concretos son el uso de la inteligencia artificial en ciudades para mejorar el consumo energético de los edificios en Ámsterdam y Copenhague; la movilidad urbana en Helsinki; la gestión de los residuos en Oslo; el transporte público en Tokio y Melbourne; la coordinación de todos los servicios públicos en Singapur, y la seguridad pública en Seúl y Ciudad del Cabo.
Aunque no aparecen entre los 20 primeros puestos de este ranking, las ciudades americanas también tienen buenos ejemplos: gestión a través de la IA del transporte público en Boston y Los Ángeles; la gestión de los parques en Pittsburgh; el flujo del tráfico en Toronto, y la recogida de residuos en Buenos Aires.
Precisamente, la capital argentina es una de las muchas ciudades que también utiliza la IA para mejorar la interacción de la ciudadanía con la administración local a través de un chatbot (bautizado como BOTI) que ya tiene más de 11 millones de consultas al año.
La inteligencia articial en ciudades españolas: chatbots y gemelos digitales
En España, el uso de chatbots desde las entidades locales ya es algo habitual. Valladolid tiene “ANA”, Rivas Vaciamadrid dispone de “Catalina”, Alicante funciona con “ALI” y Madrid, a través de Línea Madrid, incorpora un chatbot para responder a cuestiones relacionadas con servicios público y trámites administrativos municipales.
Otro de las herramientas urbanas que nacen del uso de la IA (en combinación con otras aplicaciones tecnológicas) es el llamado gemelo digital: una especie de réplica virtual en 3D exacta de la ciudad que permite a sus gestores introducir cambios y comprobar su impacto.
Si la transformación introducida en la ciudad digital 3D es positiva, se implementa en la ciudad real. Por ejemplo, Singapur fue una de las primeras ciudades en generar un gemelo digital (Virtual Singapore), que ya ha aportado a la ciudad real más de 100 soluciones urbanas. En España, el gemelo digital de Las Palmas de Gran Canaria ha sido pionero en el uso de esta tecnología y ha recibido numerosos reconocimientos.
En todos estos frentes (y en otros muchos) la IA nos está cambiando el paso en cómo manejamos los recursos urbanos y, más allá de cuestiones éticas que habrá que ir resolviendo, cómo gestionamos la verdadera base de esta transformación: la captación y el uso de los datos.

