El cambio climático está detrás de casi el 40% de las muertes por calor.
Cuando pensamos en calor y verano, lo asimilamos como sinónimo de verano y vacaciones, sol y playa, y aunque esto es así para inmensa mayoría de la sociedad, el verano también es una estación con riesgos importantes para salud humana. Cada año, se producen miles de muertes por calor como consecuencia directa o indirecta de las altas temperaturas.
Cómo reconocer el peligro y protegerse ante el calor
Durante los episodios de temperaturas extremas, se activan avisos meteorológicos. Estos avisos pueden ser amarillos, naranjas o rojos dependiendo de los distintos umbrales de temperatura que haya para cada región y según, por supuesto, de las previsiones meteorológicas; y si hay aviso, es que hay riesgo real para la salud.
Supongamos un día tórrido de agosto con valores de 42ºC, o más, a la sombra en la mitad sur de España. Siempre que la temperatura del aire supere la temperatura del cuerpo humano, el peligro de golpe de calor—y por tanto de muerte por calor— se multiplica por falta de “refrigeración”. Los trabajos al aire libre deben tener en cuenta estas previsiones, del mismo modo que los deportistas no deberían salir a las cuatro de la tarde a correr o las personas mayores a pasear. Las horas de mayor temperatura, son las horas para descansar e incluso, quien pueda, dormir una siesta.
En estos episodios, en los que se activan avisos, se pueden producir golpes de calor que tristemente, en muchas ocasiones, pueden costar la vida de quién lo sufre. Por ello es importante estar frescos, buscar la sombra, hidratarse… y nos guste o no, el clima en España nos hace tener veranos en prácticamente todo el país, que son duros.
Además, cuando se encadenan varios días de calor anómalo —lo que se conoce como ola de calor—, las noches también se ven afectadas. Las temperaturas mínimas no bajan de los 20 ºC, impidiendo el descanso. Este agotamiento térmico continuo agrava enfermedades preexistentes y eleva la mortalidad. Las cifras no engañan: muchas muertes en verano pueden clasificarse como muerte por calor, aunque no siempre se visibilicen como tales.
Uno de los peores desastres naturales, una ola de calor
Si pensamos cuáles han sido los peores desastres naturales que ha vivido Europa en las últimas décadas, seguramente pensaremos en inundaciones, terremotos u otros fenómenos muy visuales, pero pocos imaginarán que la ola de calor del año 2003 dejó miles de fallecidos en todo el continente.
Aunque el número exacto de fallecimiento relacionados directamente con el calor está sujeto a controversias, el Gobierno francés anunció 5.000 muertes por calor, y los balances elaborados por las empresas funerarias calcularon un exceso de unas 10.400 muertes en relación con años anteriores, susceptibles de ser imputables a esta canícula. Según un estudio publicado el 25 de septiembre, fallecieron 14.802 personas entre el 1 y el 15 de agosto, lo que supone una sobremortalidad del 55 %.
En Italia, Alemania, España… la sobremortalidad también fue alta o muy alta, y en total algunos expertos calculan se produjeron unas 35.000 muertes por calor debido a las altas temperaturas, siendo los ancianos las principales víctimas.
La relación entre cambio climático, calor y verano
Un estudio publicado en la revista Nature Climate Change reveló que hasta un tercio de las muertes atribuibles al aumento de la temperatura están provocadas por el cambio climático antropogénico, y en esta misma línea otro informe realizado por la London School of Hygiene & Tropical Medicine y la Universidad de Berna, que utilizó datos de 732 localidades en 43 países entre 1991 y 2018 mostró que el cambio climático ha aumentado significativamente las muertes por calor en diversas regiones del mundo.
Las zonas más afectadas por las muertes relacionadas con el calor inducido por el cambio climático incluyen América Central y América del Sur, así como el Sudeste Asiático. En países como Ecuador y Colombia, hasta el 76% de las muertes relacionadas con el calor se llegan a atribuir al cambio climático, algo que ocurre en grandes urbes como Santiago de Chile, Atenas, Roma, Tokio y Madrid.
El cambio climático está teniendo un impacto significativo en la salud humana, con un aumento alarmante en las muertes relacionadas con el calor en todo el mundo.
Las olas de calor más frecuentes y severas, impulsadas por el calentamiento global, están poniendo en riesgo la vida de millones de personas. Por ello es crucial que la comunidad internacional tome medidas urgentes para mitigar los efectos del cambio climático y proteger a las poblaciones más vulnerables. La implementación de políticas de adaptación y resiliencia es esencial para enfrentar este desafío y garantizar un futuro más seguro y saludable para todos, y no olvidemos, que el ritmo al que sigamos emitiendo, será el ritmo de aumento calor del calentamiento global.

