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Biodiversidad, la red de la vida

 La Dra. Jane Goodall reflexiona sobre la importancia de la biodiversidad que nos rodea, de la que formamos parte y dependemos, y sobre las amenazas que se ciernen sobre ella, dándonos también razones para la esperanza.

jane goodall

Doctora Jane Goodall.

Imagen vía: Mark Schierbecker en Flickr

Desde siempre, este planeta azul y verde me ha fascinado con sus maravillosos seres vivos, grandes y pequeños. Escuchar el maravilloso canto de un pájaro en la mañana, observar a las arañas saltando o transportando a sus crías, ver como las pequeñas raíces de las semillas son capaces de abrirse camino…

En muchas ocasiones la gente me pregunta “¿Acaso importaría si este insecto desaparece? No marcaría ninguna diferencia, ¿no?”. Para responder a esta pregunta es importante entender cómo la biodiversidad afecta a un ecosistema, porque la cuestión es que todo está interconectado: personas, animales, el medio ambiente. Ese pequeño insecto podría ser la principal fuente de comida de alguna otra especie, la cual podría desaparecer también, y así continúa esta interrelación. 

Lo llamamos “Biodiversidad”, a mí me gusta llamarlo “La red de la vida”. Cuando la naturaleza sufre, nosotros sufrimos. Y cuando la naturaleza prospera, todos nosotros prosperamos. 

Pero lamentablemente, los seres humanos estamos llevando a la extinción a gran parte de la biodiversidad del planeta Tierra. Hasta un millón de especies de animales y plantas están en peligro y muchas pueden desaparecer en tan solo décadas. Los bosques y océanos, los grandes pulmones del planeta, están siendo destruidos y contaminados por lo que no pueden seguir haciendo su trabajo.

 

Dia mundial de la biodiversidad - arboleda

 

Arboleda. Imagen vía: Freepik

Ya estamos usando más recursos naturales en algunas áreas de los que la madre naturaleza es capaz de restaurar y se estima que para 2050 habrá 9.700 millones de personas. Como resultado de las actividades humanas, el aumento de la población mundial y el modo de vida insostenible de muchos, nos enfrentamos a una crisis climática que afecta a toda la vida en la Tierra.

Cada especie tiene un rol que jugar en el tapiz de la vida y, si no protegemos esa biodiversidad, si continuamos consumiendo por encima de nuestras posibilidades y desperdiciando los recursos naturales, este tapiz se irá desmoronando. Es fundamental actuar y pensar cómo conservar la biodiversidad o el resultado final será que el ecosistema colapsará. 

Hay un dicho que afirma que “no hemos heredado el planeta de nuestros padres, sino que se lo hemos cogido prestado a nuestros hijos”. De hecho, les hemos estado robando su futuro. Debemos ser conscientes de cómo afecta el ser humano a la biodiversidad del planeta y que destruirlo para obtener ganancias a corto plazo es destruir el futuro de nuestra propia especie y de todos los seres vivos con los que compartimos el planeta.

Los chimpancés, gorilas y orangutanes han vivido miles de años en su bosque, viviendo vidas fantásticas, en entornos donde reina el equilibrio, en espacios donde nunca se les ha pasado por la cabeza destruir el bosque, destruir su mundo. Diría que han tenido más éxito que nosotros en cuanto a estar en armonía con el medio ambiente. Debemos cambiar nuestro modo de vida egoísta e insostenible o llegaremos a un punto de no retorno.

Chimpancé. Imagen vía: Pixabay

En realidad, tenemos todavía una oportunidad. Realmente creo en la posibilidad de vivir en un mundo en el que podamos vivir en armonía con la naturaleza. Mis razones para la esperanza son en primer lugar los jóvenes, por eso creé el programa “Roots and Shoots” (Raíces y Brotes) que cuenta ya con más de 700.000 jóvenes en más de 50 de países, entre ellos España. También me aporta esperanza el espíritu indomable de las personas que hace que consigan lo que parece imposible y no se rinden, y saber que la naturaleza es tremendamente resiliente si se le da una oportunidad. 

Pero esto solo pasará si todos aportamos nuestra parte, todos y cada uno de los días. Debemos unirnos, entendiendo que cada día tenemos un impacto sobre el planeta y que debemos elegir qué clase de impacto es el que queremos causar. De modo que cuando miremos atrás y recordemos nuestra vida, cada uno de nosotros podamos verdaderamente decir: “He marcado una diferencia”.

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