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20 años del Prestige

Prestige: 20 años de la mayor catástrofe ambiental de España.

Son las cuatro de la mañana del viernes 6 de diciembre de 2002. La madrugada es fría y húmeda en Ourense, todo dentro de la normalidad del otoño que será invierno en apenas un par de semanas. Un grupo numeroso de personas aguardamos en la estación a los autobuses que nos llevarán a Muros, frontera entre las rías altas y bajas, para colaborar como voluntarios en las labores de limpieza del Prestige.  

A pesar de que han pasado veinte años (¡dos décadas!), serán cuatro días de puente de diciembre difíciles de olvidar.

Guardo en la retina imágenes muy duras como la primera vez que vimos la playa de Lariño, a caballo entre los ayuntamientos de Muros y Carnota, completamente teñida de negro; las toneladas de chapapote surfeando sin cesar hacia la costa; la costra de suciedad en las fundas protectoras y la densidad del chapapote que a veces hasta cogíamos con las manos; la impotencia de ver cada mañana que lo limpiado el día anterior estaba petroleado de nuevo.

Frustración, desesperanza y cansancio, sensaciones que se pueden ver reflejadas en la instantánea captada por un fotógrafo de la UNESCO del que perdí el contacto.  

Voluntarios del Prestige en la Playa de Lariño (Muros-Carnota). Diciembre de 2002.

Pero dentro de la negrura del fuelóleo también hubo momentos emocionantes: la respuesta de la sociedad civil materializada en la marea blanca de los voluntarios, llegados de todas partes del estado e incluso de fuera del país; el nacimiento del movimiento Nunca Máis como respuesta ciudadana a una acción política deplorable; el cariño y el apoyo de gran parte de la hostelería y los vecinos de la villa; la camaradería entre personas que intentaban, con medios muy precarios, mitigar una de las mayores catástrofes ambientales de la historia de España. 

Cronología del desastre del Prestige 

Era el 13 de noviembre de 2002 cuando Apostolos Mangouras, capitán griego del petrolero Prestige, lanzó una llamada de socorro frente a las costas de Galicia. Las malas condiciones del mar habían dañado el casco del barco provocando la apertura de una brecha de 15 metros. 

El buque, con 26 años de antigüedad, zozobraba a 28 millas (unos 50 km) de la costa gallega, más concretamente frente a la costa de Fisterra, perteneciente a la tradicionalmente conocida como Costa da Morte. En su bodega, una carga de 77.000 toneladas de fuelóleo residual. Así se inició el que sería uno de los mayores desastres ecológicos registrados en España hasta el momento.

Después del SOS, comienza una ceremonia de confusión con declaraciones cruzadas, órdenes y contra órdenes, salidas de tono e irresponsabilidad política en general. El barco es remolcado e inicia un periplo en diferentes direcciones, liberando parte del chapapote, que empieza a aparecer en las playas.

Recorrido del Prestige remolcado. Imagen vía Wikipedia.

Esta situación dura 6 días hasta que, finalmente, el 19 de noviembre, el barco se parte en dos y se hunde. En el momento del hundimiento, el Prestige contenía todavía 66.000 toneladas de chapapote tras haber liberado 11.000 toneladas que comenzaban a teñir de negro la costa atlántica gallega. 

La marea negra cubrió en un principio 190 km del litoral coruñés. El mayor impacto se produjo, sin embargo, después de la rotura en dos del barco. Así, a partir del día 23 de noviembre, en medio de un temporal con olas de más de 5 metros y vientos de hasta 65 nudos, una gran mancha de chapapote comenzó a teñir la costa situada más al sur, donde se encuentra el Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Ante la inacción política y la falta de medios, la sociedad civil comienza a organizar la limpieza del chapapote con personas voluntarias.  

La llegada de chapapote a los municipios de la costa atlántica gallega siguió produciéndose de forma casi diaria durante los siguientes meses, llegando también a las costas francesas. La salida de fuelóleo del buque golpeó de forma intensa el litoral hasta mediados de enero de 2013. Fue entonces cuando, el Nautile, un equipo sumergible perteneciente al Ifremer francés, informó de que la salida de fuelóleo del interior del buque hundido comenzaba a ralentizarse.

Impacto ambiental y social

La marea blanca de voluntarios limpiando el chapapote del Prestige. Imagen vía RTVE.

La marea negra causada por la rotura y hundimiento del Prestige frente a la costa gallega provocó una de las mayores catástrofes ecológicas registradas en España hasta el momento. El impacto ambiental del vertido no afectó sólo a la superficie sino que contaminó los fondos marinos provocando graves pérdidas en los ecosistemas costeros. Además, el tipo de fuel que transportaba el Prestige presentaba unas características que dificultaban la limpieza. 

En el momento en que el chapapote alcanzó el Parque Nacional de las Islas Atlánticas, la comunidad científica informaba de la posibilidad de que la contaminación provocase la extinción en España del arao común. Las aves marinas resultaron especialmente afectadas tanto directa como indirectamente: junto al arao común otras especies como la gaviota patiamarilla, el alca común o el cormorán moñudo sufrieron las consecuencias de la marea negra. 

En lo que respecta a las especies marinas, los estudios que se han publicado hasta ahora muestran que el chapapote tuvo impactos negativos para los moluscos ( mejillón y almeja, entre otros), los equinodermos (erizos de mar) y los crustáceos (percebe, cigala o camarón, entre otros). Con relación a los peces, la información disponible se refiere al gallo, el rodaballo o la dorada.

En el lado positivo, esta catástrofe ecológica tuvo una fuerte respuesta social que se concretó en la llamada “Marea blanca”, miles de personas que, de forma voluntaria, acudieron a nuestras costas para retirar el chapapote junto con la población local. 

En diciembre de 2002, la prensa informaba de la presencia de más de 10.000 personas que optaron por pasar el puente retirando chapapote de las playas. Esta marea de solidaridad se extendería en el tiempo y, se estima que más de 100.000 personas participaron como voluntarias en las labores de limpieza hasta bien entrado el año 2003. 

La solidaridad se trasladó también a otros colectivos que, si bien no pudieron participar directamente en la limpieza, sí quisieron mostrar su apoyo a la gente del mar y a todas las personas voluntarias. Entre las principales muestras de apoyo se encuentra la cadena humana que construyeron los escolares en la Costa da Morte entre las localidades de Laxe y Muía o el nacimiento de la Plataforma Nunca Máis que motivó la manifestación más multitudinaria de la historia de Galicia, con más de 200.000 personas en las calles de Santiago

Voluntarios del Prestige en la Playa de Lariño (Muros-Carnota). Diciembre de 2002. Foto propia.

El siniestro del Prestige dejó al descubierto la poca preparación y coordinación de los gobiernos central y autonómico así como las graves deficiencias de las regulaciones internacionales de transporte de mercancías por vía marítima: el empleo de banderas de conveniencia (el Prestige navegaba bajo el pabellón de Bahamas), los entramados de sociedades interpuestas para eludir responsabilidades o la insuficiencia de las indemnizaciones y de las cuantías de las aseguradoras. El juicio llevado a cabo en 2013 ratificó lo barato que supone contaminar en España. 

El derrame de petróleo del Prestige fue en su momento el tercer accidente más costoso de la historia: el sellado del buque y las labores de limpieza costaron 12.000 millones de dólares, sólo por detrás del accidente del transbordador espacial Columbia y el accidente nuclear de Chernobil. Esto sin contar los costes directos e indirectos en la salud de las personas, los ecosistemas costeros atlánticos y las actividades económicas. Desde Galicia, dos décadas después, nos seguimos preguntando si una catástrofe así podría repetirse de nuevo. ¿Nunca máis?

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