Descubre qué es la agricultura regenerativa, cómo mejora la salud del suelo y qué beneficios ofrece frente al cambio climático y la producción intensiva.
¿Sabías que un solo gramo de suelo puede albergar millones de seres vivos y varios miles de
especies de bacterias? El suelo es uno de los grandes olvidados en la lucha contra el cambio climático, sin embargo, es un aliado clave porque, entre otras cosas, ayuda a restaurar ecosistemas, captura carbono de la atmósfera y nos permite cultivar alimentos más saludables.
El sistema alimentario global es responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero, el 70% del uso de agua dulce y el 90% de la deforestación tropical. Y aquí es donde entra en juego la agricultura regenerativa, un enfoque que no solo busca evitar el daño, sino mejorar activamente el entorno.
En este artículo te contamos qué es, cómo funciona y por qué puede ser una de las claves para alimentar al mundo de forma más justa y sostenible.
En este post podrás leer:
¿Qué es la agricultura regenerativa?
La agricultura regenerativa es una forma de producir alimentos que busca restaurar la salud del suelo, fomentar la biodiversidad y reducir el uso de químicos como pesticidas y fertilizantes. A diferencia de determinados métodos de agricultura extensiva o más convencional, que acaban consumiendo los recursos naturales y agotando la capacidad regenerativa del suelo.
Ya se sabe desde hace siglos: el barbecho es una técnica de agricultura que consiste en “dejar descansar” al suelo, evitando sembrar durante uno o varios años para que recupere su vigor original. En cambio, muchos de los métodos actuales de agricultura provocan una degradación de los suelos, bien por el uso de sustancias químicas como fertilizantes o plaguicidas, o por la falta de “descanso”.
Esta degradación tiene un impacto directo en la capacidad productiva del suelo, lo que obliga a aumentar el uso de fertilizantes o a deforestar nuevas áreas para conseguir la producción deseada. Así se crea un círculo vicioso entre la producción de alimentos y la degradación de la naturaleza.
La agricultura regenerativa rompe ese ciclo aplicando prácticas que devuelven nutrientes al suelo, mejoran la retención de agua y aumentan la diversidad biológica. De hecho, algunas técnicas pueden producir más alimentos que la agricultura convencional usando menos recursos.
Principios básicos de la agricultura regenerativa
Aunque no hay una receta única para este modelo de trabajo agrícola, estas son algunas de las claves:
- Reducir o eliminar el arado de la tierra: esto protege la estructura del suelo y evita la liberación de carbono a la atmósfera.
- Mantener el suelo cubierto: ya sea con cultivos vivos o restos vegetales, para evitar la erosión y conservar la humedad.
- Aumentar la diversidad de cultivos: diferentes plantas nutren el suelo de distintas maneras, reducen plagas y aumentan la productividad.
- Integrar animales: el pastoreo controlado y el estiércol enriquecen el suelo de forma natural.
Beneficios de la agricultura regenerativa, más allá del campo
Los principales efectos de estas prácticas regenerativas van desde la granja a la mesa. Este modelo de agricultura aporta las siguientes ventajas:
- Reduce las emisiones de gases de efecto invernadero.
- Mejora la calidad del agua y previene la erosión del suelo.
- Aumenta la biodiversidad y los hábitats naturales.
- Ayuda a las comunidades agrícolas a ser más resilientes ante el cambio climático.
- Ofrece alimentos más nutritivos y libres de químicos tóxicos.
- Reduce la presión para convertir bosques y otros hábitats en tierras agrícolas al regenerar los ecosistemas en lugar de agotarlos.
Agricultura regenerativa y calentamiento global
Según el IPCC, el cambio climático ya está reduciendo la productividad agrícola en muchas regiones, especialmente las más secas y frente a esto, últimamente, se escucha hablar de la agricultura regenerativa como una solución climática prometedora.
Como hemos visto, esta práctica tiene beneficios reales para el suelo, pero también, colateralmente, para las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, cuando se reduce el uso de fertilizantes o diésel, se producen menos gases contaminantes. Además, los suelos bien gestionados pueden resistir mejor sequías o lluvias intensas. Incluso, la cobertura de los cultivos puede reducir la erosión y la contaminación del agua.
La parte interesante de este modelo en este sentido es su capacidad para capturar dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera. Cuando cuidamos el suelo con prácticas regenerativas, como usar cultivos de cobertura o evitar labrar la tierra en exceso, estamos ayudando a que el carbono presente en el aire se quede guardado bajo nuestros pies, en la tierra.
Este tipo de suelos, ricos en materia orgánica, actúan como una especie de “esponja de carbono”. Al mantener y aumentar esta materia orgánica, los suelos pueden almacenar carbono, contribuyendo a reducir la concentración de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, hay que ir con cautela. Muchos científicos advierten que estamos “sobrevendiendo” lo que esta agricultura puede lograr, al menos en lo referente al cambio climático. Como hemos visto, se han depositado esfuerzos y recursos basados en la idea de que el suelo puede almacenar enormes cantidades de carbono, pero surgen varios problemas. Medir cuánta cantidad de carbono se captura no es tan sencillo ni tan preciso, y lo que se guarda hoy podría liberarse mañana por una sequía o un cambio de cultivo.
Entonces, ¿vale la pena apostar por la agricultura regenerativa? La mayoría de expertos dice que sí, pero teniendo en cuenta que estas prácticas son valiosas para mejorar la salud del suelo, hacer frente a eventos climáticos extremos y proteger recursos naturales. Pero si esperamos que por sí sola nos saque del apuro climático, podríamos estar desviando la atención (y mucho dinero) de otras soluciones más efectivas.
Sobre lo que sí hay consenso es sobre los demás beneficios que supone este tipo de práctica agrícola, que puede ayudarnos a proteger la biodiversidad y a asegurar comida más nutritiva con un modelo menos agresivo que el actual.
Fuentes:

