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Basura espacial: el vertedero que orbita sobre nuestras cabezas

Más de 130 millones de fragmentos flotan alrededor del planeta. ¿Estamos repitiendo los mismos errores, ahora a escala cósmica? 

el planeta tierra rodeado de basura espacial

La basura espacial es un problema creciente que amenaza la vida de los astronautas y los servicios satelitales cotidianos, como la telefonía móvil, Internet o el GPS. Aunque se están tomando diversas medidas para combatirlo, los expertos subrayan que hace falta un esfuerzo mayor. En última instancia, se trata de un reflejo del actual sistema de consumo insostenible. El futuro tecnológico de las comunicaciones y la exploración espacial depende de que aprendamos a reducir, reutilizar y reciclar también en el espacio. 

Qué es la basura espacial y cómo se genera 

Se conoce como basura espacial a todos los objetos artificiales enviados al espacio y que ya no sirven: satélites fuera de servicio, etapas de cohetes y fragmentos del lanzamiento, pruebas de armamento antisatélite, fragmentos por accidentes, u objetos perdidos por los astronautas en sus misiones espaciales.  

Según datos de la Agencia Espacial Europea (ESA), desde 1957 se han lanzado más de 6.250 cohetes al espacio. De ellos, la mayoría no son satélites útiles, sino pruebas o componentes que, terminada su misión, quedan orbitando como basura. Esta producción ha supuesto que en la actualidad haya más de 130 millones de objetos de entre 1 milímetro (mm) y 1 centímetro (cm) orbitando la Tierra; 36.500 piezas mayores de 10 cm, y más de un millón entre 1 y 10 cm. A escala de masa, suman unas 8.000 toneladas de residuos. 

En definitiva, este vertedero orbital no es más que una extensión del actual sistema de consumo insostenible del “usar y tirar”. 

Cuáles son los riesgos de la basura espacial 

Abarca desde piezas del tamaño de un coche hasta motas de pintura. Pero todos estos residuos tienen algo en común: al viajar a velocidades supersónicas (hasta unos 28.000 km/h), incluso un fragmento minúsculo puede impactar con graves consecuencias. Desde la Estación Espacial Internacional (ISS) hasta los servicios satelitales que usamos cada día, como la telefonía móvil, la Internet global, la banca electrónica, la GPS, los servicios de meteorología y de control de la Tierra, etc. podrían verse afectados o incluso dejar de funcionar. La película Gravity, dirigida por Alfonso Cuarón en 2013, reflejó este problema: 

 

 

Estas colisiones no solo pueden dañar o destruir un determinado sistema, sino que generan aún más escombros en un efecto dominó. Este peligro multiplicador se conoce como Síndrome de Kessler, y de seguir incrementándose, podría inutilizar el uso de la órbita terrestre, advierten los expertos.  

Por otra parte, aunque la mayoría de los fragmentos se desintegra al reingresar en nuestra atmósfera, y de caer, lo más probable es que lo hagan en el océano o en zonas deshabitadas, podrían alcanzar zonas pobladas 

¿Qué se está haciendo para limpiar la basura espacial? 

Ante esta amenaza creciente, gobiernos y agencias espaciales han implementado varias estrategias: 

  • Seguimiento y alerta de colisiones: EE.UU. y la UE mantienen catálogos de decenas de miles de objetos orbitales rastreados. Gracias a ello pueden predecir acercamientos peligrosos y, de hecho, la ISS recibe constantes advertencias y realiza maniobras de evitación. 
  • Normas de mitigación: Las agencias espaciales internacionales promueven directrices para no generar más basura, como cambiar la órbita al final de vida, autodestruirse controladamente, o la pasivación de naves y satélites (drenar combustible y energía al final de su vida para evitar explosiones). Muchos satélites europeos ya usan diseños que contemplan su final de vida (reentrada o traslado a «cementerios orbitales»).  
  • Escudos y diseños más robustos. Tanto la ISS como muchos satélites usan escudos Whipple que disipan la energía de pequeños impactos. Aunque no evita totalmente el riesgo, reduce los daños. 
  • Nuevos modelos reutilizables: Empresas como SpaceX de Elon Musk han empezado a construir cohetes parcialmente reutilizables, reduciendo así los residuos de cada lanzamiento. Así puede verse en este vídeo:

    En este sentido, se espera que la reutilización se extienda en los nuevos modelos de la industria espacial. 

  • Sacar los residuos del espacio: La ESA lleva varios años trabajando en el proyecto E-Deorbit para capturar satélites con robots y guiarlos hasta reentrar. Otras empresas privadas y agencias de Japón, Canadá y EE.UU. trabajan en conceptos similares, como redes, arpones o propulsión láser para desacelerar pequeños fragmentos. 
  • Investigación y alianzas internacionales. Organismos multilaterales como la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior (UNOOSA), agencias espaciales, universidades y centros de investigación trabajan conjuntamente para acordar directrices de sostenibilidad espacial y desarrollar modelos de simulación, seguimiento y tecnologías de mitigación. 

¿Y qué más se debería hacer? 

Los expertos subrayan que la situación exige más ambición y colaboración global. Varias propuestas destacan: 

un satélite encima del planeta tierra

  • Economía espacial circular: Moriba Jah, profesor de Ingeniería Aeroespacial y Mecánica de Ingeniería en la Universidad de Texas en Austin, sugiere cambiar nuestro enfoque “lineal” en el espacio (usar y abandonar) por una economía circular similar a la que se trata de implantar ahora en la Tierra. Es decir, ecodiseñar naves y satélites con materiales que se puedan recuperar, prolongar su vida útil con mantenimiento en plena órbita, o reutilizar componentes de viejos satélites en nuevos sin traerlos de vuelta al planeta.  
  • Remoción activa obligatoria: Tanto la agencia espacial estadounidense (NASA) como la ESA coinciden en que solo retirando activamente los residuos grandes se podrá estabilizar el entorno orbital. Esto implicaría lanzar misiones de limpieza de forma regular y exigir que cada satélite sea recogido (o quemado) por su operador al terminar su misión. 
  • Regulación internacional más estricta. Aunque hay directrices (la ONU aprobó recomendaciones en 2007), no son vinculantes. Por ello, cada vez más expertos piden un tratado global que obligue a cumplir medidas realistas y efectivas, así como coordinar la gestión del tráfico espacial (por ejemplo, para evitar choques y sancionar conductas irresponsables). España, como miembro de la ESA, se ha adherido a diversas políticas y ha aprobado leyes recientes (como el Real Decreto 524/2022), aunque reconoce que la falta de regulación espacial global dificulta controlar los residuos. 
  • Educación y responsabilidad social: La sociedad debe concienciarse de que la basura espacial es un problema reflejo de nuestros malos hábitos de consumo, lo que ayudará a que se tome en serio.  
  • Apoyo mayor a la innovación: El avance en I+D de empresas y centros tecnológicos puede contribuir a desarrollar dichas soluciones, pero para ello se necesita más inversión. Por ejemplo, la iniciativa Clean Space de la ESA (con participación española) investiga materiales de satélite que se deshagan intencionadamente al reingresar. 

¿Conocías el problema de la basura espacial? ¿Crees que se está haciendo lo suficiente? ¡Cuéntanoslo! 

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