De Egipto a Mali, descubre cómo las culturas africanas veneraban la naturaleza como fuerza sagrada.
«Cuando algo va mal en el bosque, algo va mal en la sociedad” es un proverbio africano que pone de manifiesto que la salud del ecosistema es un espejo de la salud humana.
Y es que las civilizaciones pasadas del continente africano mantenían una relación espiritual, simbólica y profundamente ecológica con su entorno que todavía pervive en muchas poblaciones. A través de mitos, dioses, rituales y sistemas de creencias, entendieron la tierra como una fuerza que debía respetarse.
Después del repaso a los dioses de América y a los de Europa, en este artículo exploramos a los dioses de África. Desde los del Antiguo Egipto hasta las creencias de los Dogón de Mali, para entender cómo mitos, rituales y cosmovisiones transmitieron un mensaje ecológico que sigue teniendo sentido en plena crisis climática.
Los dioses de África en el Antiguo Egipto
Los antiguos egipcios tenían una relación estrecha con la naturaleza, que concebían como un reflejo físico de lo divino. La dualidad entre el valle fértil del Nilo y el desierto árido formaba parte de su cosmovisión y también el orden frente al caos.
En este vínculo con el entorno destaca la figura de Hapi, uno de los dioses de África de las inundaciones anuales del Nilo. Hapi era una figura muy venerada asociada a la fertilidad: la crecida del río depositaba limo, creando una tierra muy fértil en sus orillas, lo que daba abundantes cosechas. En las representaciones aparece retratado como un ser andrógino, con vientre prominente y grandes pechos caídos, taparrabos y una barba postiza ceremonial.
Adoraban la figura de Ra, el dios sol, que cruzaba el cielo cada día y garantizaba el orden cósmicos. La Tierra misma tenía un dios, Geb, y el cielo, una diosa, Nut.
Animales y elementos naturales eran integrados en su arte y religión como símbolos de poder, protección, fertilidad y equilibrio. Por ejemplo, los amuletos eran pequeños objetos cargados de poder simbólico y espiritual, utilizados por vivos y muertos para obtener protección, salud y buena fortuna. Representaban deidades o animales con cualidades específicas que se buscaban invocar como el cocodrilo, que estaba vinculado a la fuerza peligrosa de la naturaleza, pero también a un poder protector; el erizo, posiblemente conectado con el renacimiento, ya que hibernaban bajo tierra y renacían con el regreso de la abundancia; o la rana, usadas por mujeres para facilitar la fertilidad y por los muertos como símbolo de renacimiento.
En cuanto a los dioses de África de la cosmovisión, en Egipto destaca Ma’at, el principio de orden que cuenta la creación del universo. Religiosamente, Ma’at es una diosa que representa el orden o el equilibrio pero desde el punto de vista filosófico, es un principio moral y ético que todos los egipcios debían encarnar en sus acciones cotidianas.
Los Dogón de Mali y sus dioses de África
Los Dogón de África Occidental poseen una profunda e intrínseca conexión con el medio, la astronomía y una rica cosmovisión. Esta civilización persiste hasta nuestros días entre los espectaculares Acantilados de Bandiagara, en Mali.
La relación de estos dioses de África con la naturaleza es de reverencia. Un ejemplo claro es la aldea de Amani, donde los habitantes veneran y alimentan a cocodrilos que, según la tradición, ayudaron a sus antepasados a encontrar una fuente inagotable de agua.
Además, su tradición incluye ser “oficiales del entorno” cuyo trabajo consiste en velar por el cumplimiento de los tabúes medioambientales, como recolectar plantas inapropiadas, cazar animales prohibidos o tomar agua de fuentes protegidas.
La astronomía de esta cultura es una fuente de asombro para muchos científicos modernos. Marcel Griaule, un antropólogo francés que estudió a los Dogón durante décadas, afirmó que poseían un conocimiento sorprendente del universo, incluyendo los anillos de Saturno, los satélites de Júpiter y las órbitas elípticas de los planetas. En el centro de su mitología se encuentra Sirio y sus dos pequeñas estrellas acompañantes, una de las cuales apenas es visible con telescopio y la otra sigue siendo invisible para la ciencia.
Su visión del mundo está cargada del simbolismo de los dioses de África. La lengua ritual secreta, el sigiso, supuestamente comprendida por todos los seres, refleja la creencia en un lenguaje cósmico universal.
Fijarse en otras formas de vivir suscita muchas preguntas… ¿Será que estamos metidos en este lío climático porque nos hemos olvidado que también somos animales?¿Nos creemos realmente ajenos a las consecuencias del uso que hacemos de los recursos de la Tierra?
Quizá el cambio que necesitamos empiece cuando dejemos de sentirnos espectadores y volvamos a ser parte.

