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Fenómenos extremos naturales en España

¿Riesgos naturales más frecuentes o una mayor exposición?

Son muchos los estudios que indican que en los últimos años estamos asistiendo a una nueva realidad climática, o como se conoce en inglés, un -new normal-.

Esta aseveración que queda refutada por los datos científicos recabados en la mayor parte del planeta hace alusión al nuevo clima que estamos viviendo a consecuencia del calentamiento global.

Fenómenos extraordinarios que antes tenían periodos de retorno muy largos, ahora se acortan en el tiempo y se repiten con mayor frecuencia, y en ocasiones con una mayor intensidad.

Las proyecciones científicas apuntan a que esos fenómenos extremos aún serán más frecuentes e intensos en los próximos años, si las emisiones de gases de efecto invernadero no se detienen, y de ahí el llamamiento científico colectivo a que la temperatura media del planeta no aumentó en más de 1,5ºC, un valor umbral para no tener que vivir situaciones catastróficas.

España también tiene fenómenos extremos

En este sentido nuestro país tiene de por sí fenómenos extremos que forman parte de la realidad natural de nuestros climas, como por ejemplo las inundaciones o las sequías.

Bien se conocen en la costa mediterránea las “gotas frías”, tan típicas a finales del verano y a comienzos del otoño cuando al llegar aire frío en altura origina grandes tormentas alimentadas por la humedad que desprende el mar. Son este tipo de fenómenos los que más pérdidas ocasionan en España, y, por otro lado, el más recurrente.

Además de ello, nuestro clima también conoce las sequías, fenómenos más largos, lentos y silenciosos pero que han ocurrido a lo largo de los siglos provocando pérdidas de cosechas y llevando a algunas comarcas a situaciones límite. 

Otros fenómenos extremos como por ejemplo las grandes nevadas también ocurren, aunque no son tan frecuentes. Recordemos cómo Filomena cubrió de blanco con más de medio metro de nieve el centro de España, algo que no ocurre ni mucho menos todos los años.

La nueva realidad climática

De forma recurrente solemos ver en los medios de comunicación y en las redes sociales los avisos de situaciones meteorológicas adversas que nos pueden hacer correr ciertos riesgos.

Desde que ocurriera la nevada de Filomena hace ya casi dos años, se han repetido una y otra vez noticias de que volverán este tipo de eventos.

Tenemos que tener muy claro, y es una premisa básica de la meteorología, que no es una ciencia exacta, y cualquier previsión meteorológica a más de 72 horas puede cambiar. Es muy difícil hacer predicciones a largo plazo y más aún basándose en datos “populares” o de las “cabañuelas”, algo que carece de todo rigor científico y no se ha demostrado jamás su utilidad.

La tendencia climática, basada en análisis de datos de al menos 30 años de registros, nos puede hacer ver hacia donde están yendo las cosas, y se pueden sacar conclusiones muy útiles, como si de forma recurrente se están dando situaciones más propicias para las inundaciones, las sequías… o cualquier otro fenómeno.

Se ha podido detectar que en términos generales las olas de calor, y los periodos sin lluvias, han aumentado considerablemente, algo que todos hemos vivido en nuestra piel, y por el contrario las nevadas han ido a menos.

Basta con escuchar a las personas mayores para que nos digan que “los inviernos no son como antes”, un hecho demostrado científicamente. Esto no quiere decir que las nevadas vayan a desaparecer, pero si que están yendo a menos.

Por ahora no sabemos si tendremos este invierno otra gran nevada. Recordemos que este verano por ejemplo el Mediterráneo ha alcanzado su temperatura más alta desde que hay registros, y aunque ya muchos medios advertían de las inundaciones que sufriríamos en otoño, por suerte no se ha dado la situación meteorológica propicia de “gota fría” que originase grandes inundaciones. Teníamos un ingrediente, pero no todos los necesarios.

Estamos más expuestos al riesgo

La urbanización de zonas inundables, la construcción en primera línea de playa o directamente sobre la playa… hacen que estemos muchos más expuestos a los riesgos que si viviéramos en zonas con un menor potencial de sufrir estas situaciones.

Las ramblas son cursos naturales de ríos que funcionan de forma espontánea cuando hay una situación de lluvias torrenciales. Seguro que se nos pueden venir a la mente multitud de calle o avenidas que se llaman “la rambla” en prácticamente todas las ciudades de la costa mediterránea. Esas calles antes eran cauces.

Ocupar zonas costeras en primera línea nos hacen tener un mayor riesgo a temporales, pero también a la subida del nivel del mar que se está dando en las últimas décadas.

Pensemos en otros fenómenos, que, según algunos científicos, podremos vivir en los próximos años, como por ejemplo la llegada de huracanes a nuestro país, algo que ya ha pasado en Canarias y cada vez pasan más cerca de la península.

Si ocupamos la costa y las zonas inundables, aumentará nuestra exposición al riesgo, y eso nos hará tener más pérdidas. 

La adaptación es clave para afrontar los nuevos riesgos climáticos a los que nos tengamos que enfrentar, y debe comenzar a hacerse cuanto antes. De esta forma la vulnerabilidad de las personas y también de sus medios podrá disminuir haciendo que cuando ocurran situaciones extremas no tengamos que lamentar las pérdidas que puedan ocasionar.

Ya sabemos lo que está pasando y si las emisiones no se reducen para disminuir el aumento de estos eventos, habrá que planificar su llegada.

 

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