Explora la historia del ecologismo en España, desde sus inicios con grupos naturalistas hasta la lucha actual contra el cambio climático.
“Nunca máis”, “Nucleares, no gracias”, “Algarrobico, demolición ya”… La historia contemporánea de España está atravesada por lemas históricos del ecologismo.
A lo largo de las últimas décadas, el movimiento ecologista ha sido una fuerza clave, impulsando protestas y reivindicaciones que han transformado la conciencia ambiental y las políticas públicas.
Desde los primeros brotes del activismo “verde” hasta la consolidación de grandes organizaciones a nivel estatal, este artículo recorre la evolución del ecologismo en España, analizando sus momentos más emblemáticos y su impacto en la sociedad.
De los naturalistas a los pioneros del conservacionismo
En los años 40 y 50, una España desgarrada por la guerra civil centraba sus esfuerzos en el desarrollo económico como vía para la recuperación. A pesar de que las circunstancias no eran las más propicias, a finales de los años cuarenta comienzan a surgir los primeros grupos de naturalistas preocupados por la conservación de la naturaleza.
Entre ellos, destacan la Sociedad de Ciencias Naturales Aranzadi, fundada en Euskadi en 1947, o la Sociedad Española de Ornitología (SEO), nacida en 1953. Estas organizaciones fueron las pioneras del movimiento ecologista español, convirtiéndose en los primeros refugios de los amantes de la naturaleza en un país aún inmerso en la dura posguerra de las cartillas de racionamiento.
En los años 60, la organización ecologista internacional WWF (World Wildlife Fund) desarrolla su primer proyecto en España, centrado en la protección de Doñana, una joya natural amenazada por la actividad humana. Gracias a la labor de naturalistas como José Antonio Valverde en 1964 se establece la Reserva Biológica de Doñana, marcando el inicio de la protección formal de espacios naturales en el país.
En 1968, se crea la delegación española de WWF conocida como ADENA (Asociación para la Defensa de la Naturaleza). La organización tuvo un crecimiento notable, impulsada en gran medida por la popularidad en televisión del divulgador ambiental Félix Rodríguez de la Fuente, quien despertó en la ciudadanía un creciente interés por la protección de la fauna ibérica y la conservación del entorno natural.
Parque nacional de Doñana, panorámica desde las dunas (Vía Wikimedia)
La dictadura franquista y el ecologismo organizado
Con la llegada del desarrollismo franquista en los años 60, se desató una fiebre de crecimiento económico que tuvo consecuencias desastrosas para el medio ambiente.
Dentro de las políticas del momento se llevaron a cabo planes de desecación de humedales para ampliar las tierras de cultivo; se plantaron extensos monocultivos de especies foráneas como pinos y eucaliptos, en detrimento de las habituales en los bosques ibéricos; o se promovió el exterminio de depredadores naturales mediante el uso de venenos, afectando gravemente a especies como el lince, el lobo o el oso. Difícilmente estos planes superarían un estudio de impacto ambiental moderno.

También en esta época surgen las primeras manifestaciones de oposición contra el programa nuclear, que impulsó la construcción de centrales como Zorita, Garoña y Vandellós I.
La insatisfacción con las organizaciones «oficiales» llevó a la creación de grupos ecologistas más críticos con el desarrollismo franquista. Así surge AEORMA (Asociación Española para la Ordenación del Territorio y del Medio Ambiente) que publicó en 1974 el Manifiesto de Benidorm, que denunciaba la contaminación industrial, la destrucción de espacios naturales y la urbanización sin control, reclamando la protección de los recursos naturales.
La muerte de Franco en 1975 marcó un punto de inflexión. La apertura política de la transición facilitó el surgimiento de nuevas organizaciones ecologistas y la expansión de las protestas en defensa del medioambiente. En 1975 se celebró en Asturias la II Convención Nacional de Asociaciones de Amigos de la Naturaleza, donde se ratificaron demandas concretas al gobierno para la protección de los ecosistemas amenazados y se consolidó el movimiento ecologista como una fuerza social emergente.
El auge y la consolidación del movimiento ecologista

Con el paso de los años, el ecologismo español dejó de ser un movimiento marginal y se consolidó como una fuerza política y social influyente. En los años 80 y 90, el activismo ecologista se diversificó, abarcando temas como la oposición a la energía nuclear, la protección de áreas naturales y la lucha contra la contaminación. Surgieron organizaciones nacionales e internacionales, como Greenpeace España, Amigos de la Tierra y Ecologistas en Acción.
En estas décadas, el movimiento también enfrentó grandes catástrofes medioambientales que aumentaron la conciencia social, como el vertido de Aznalcóllar (Sevilla,1998) o el hundimiento del Prestige (Galicia, 2002). Estos desastres llevaron a la movilización de la población y fortalecieron el activismo ecologista, con campañas como la famosa plataforma “Nunca Máis”, que surgió tras el desastre del Prestige.
Más recientes son las campañas orientadas hacia la descarbonización en todo el territorio bajo el lema «Cerrad el carbón, salvad el clima». Es el caso de las centrales térmicas de Meirama (A Coruña), Carboneras (Almería) o Andorra (Teruel).
En los últimos años, la lucha ecologista se ha centrado en la cuestión más urgente de nuestro tiempo: el cambio climático. El ecologismo en España no se desgasta pero, aunque ha logrado victorias significativas en la protección de espacios naturales y en la concienciación pública, la crisis ambiental y climática actual exige cambios profundos en los modelos de producción y consumo que van más allá de la movilización ciudadana.
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