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La Posidonia, qué es y por qué la tenemos que cuidar

Cualquiera que haya paseado por las costas mediterráneas seguro que se la habrá encontrado con ella alguna vez. En la arena, en el fondo marino o en las rocas, la Posidonia oceánica tiene su hábitat natural en estas zonas. 

Qué es la posidonia

Pese a la creencia popular, no se trata de un alga, si no de una planta superior que forma un ecosistema conocido como praderas marinas, unos bosques submarinos llenos de biodiversidad. De hecho, según investigaciones del Instituto Español de Oceanografía para la Directiva de las Estrategias Marinas, las praderas de posidonia, solo en la costa mediterránea española, ocupa 1.199 kilómetros cuadrados. O, dicho de otro modo, el 14,6 % de la superficie de fondos de plataforma marina ubicados de hasta 50 metros de profundidad. 

que es el alga posidonia del mediterraneo

Foto vía: REE

Funciones de la posidonia

Al igual que un bosque, las praderas de posidonia del mediterráneo tienen una elevada producción primaria: son la puerta de entrada al resto de cadena trófica de nutrientes y energía. Por ello, su papel es fundamental para poder sostener la vida que se desarrolla a su alrededor. Además de ser clave para mantener la claridad de las aguas o la buena salud de las pesquerías mediterráneas, es un ecosistema similar a los arrecifes de coral o a los bosques terrestres. 

Además, la posidonia es básica para evitar la erosión: durante la temporada hibernal, pierde las hojas que terminan en la playa formando capas sobre la arena. Esto las protege de los temporales hibernales que se llevan la arena, haciendo de barreras naturales, amortiguando el oleaje, por lo que su retirada temprana mediante métodos mecánicos supone una regresión directa de la playa.

Por ello, según explica Raquel Vaquer, de la asociación Terraferida, “la retirada de los restos de posidonia sobre las playas pone en peligro su supervivencia. La consecuencia es la erosión de las playas y su reducción. Esto junto con la subida del nivel del mar que provoca el calentamiento global puede llevar a una desaparición de las playas que no tienen un sistema dunar como reservorio de arena”

Es por ello que la Posidonia oceánica en su hábitat natural es clave para poder reducir el impacto del cambio climático. El carbono que logran fijar los ecosistemas marinos se denomina carbono azul, y permite almacenarlo, al igual que hacen los bosques terrestres. Por ejemplo, en el caso de Baleares, la posidonia tiene una extensión calculada de 635 kilómetros cuadrados y una la capacidad de poder absorber hasta el 8,7 % de las emisiones de dióxido de carbono que emiten las cinco islas que forman el archipiélago.

 

cultivo del alga posidonia oceanica en su habitat

Foto vía: REE

Qué es una amenaza para la posidonia

A día de hoy son varias las amenazas que se ciernen sobre el  futuro de la posidonia del mediterráneo. Una de las más graves son las descargas que producen emisarios submarinos de las depuradoras o de las plantas desalinizadoras. Así lo pone de manifiesto el proyecto Evaluación por medio de biomarcadores de los efectos de los emisarios marinos y la hipersalinización del agua sobre Posidonia oceánica, dirigido por el doctor Xavier Capó de la Universitat de les Illes Balears y publicado por la revista Science of the Total Environment. “La posidonia requiere unas condiciones de calidad del agua muy estrictas para poder desarrollarse correctamente. El ritmo de crecimiento lento de la posidonia, en combinación a su baja capacidad de producción de semillas la hacen especialmente vulnerable y, en muchos casos, las pérdidas de biomasa pueden convertirse en irreversibles o únicamente recuperables a muy largo plazo”, explica el doctor Xavier Capó. Y es que la posidonia acepta un máximo de 39 gramos de sal por litro de agua (el Mediterráneo tiene entre 35 y 38 gramos) mientras que, en las descargas de los emisarios procedentes de las plantas desalinizadoras, la concentración puede superar los 70 gramos por litro.

Los emisarios de las depuradoras también suponen amenazas. “Los emisarios generan un gran impacto sobre las praderas de posidonia y los organismos que viven asociados”, explica Raquel Vaquel, miembro del colectivo Terraferida. Entre otros impactos “el aporte de nutrientes y materia orgánica favorecen la proliferación de algas que hacen volver el agua verde y reducen la cantidad de luz que llega al fondo, poniendo en peligro la fotosíntesis de las plantas y macroalgas que viven en el fondo. Además, cuando estas algas caen al fondo y son degradas por bacterias se consume una gran cantidad de oxígeno y se produce hipoxia”, explica Vaquer. 

Los fondeos es otro de los motivos que causan daños importantes en las praderas. El fondeo sobre posidonia, pese a estar totalmente prohibido, es frecuente en las costas mediterráneas y causan daños importantes al arrancar, con sus anclas, muchas de estas plantas. Un daño que puede evitarse buscando otro fondeadero o un campo de boyas ecológicas repartidas por el levante español. 

alga posidonia del mediterraneo

Foto vía: REE

La concienciación, la clave

Como ha sucedido en otros campos relacionados con el medio ambiente, la sensibilidad social para la protección de la planta ha crecido, y mucho, estos últimos años en diferentes puntos de España. Y Baleares es un caso paradigmático.  Del casi el total desconocimiento social hace pocos años, se ha pasado a una protección activa de la posidonia, con un decreto que la protege, un festival que lleva su nombre, unas denuncias constantes de particulares en redes sociales sobre fondeos ilegales y una concienciación, cada vez mayor, de la importancia ecológica que tiene. “Pese que es imposible llegar al fondeo cero, hemos experimentado una reducción importante de yates que fondean sobre posidonia en Ibiza, por ejemplo, pasando del 25 % en 2018 al 7,4 % en 2019”, explica Miquel Mir, conseller de Medio Ambiente del Govern de les Illes Balears. Aunque las sanciones por fondear sobre posidonia pueden superar los miles de euros, “el objetivo no es sancionar sino promover la protección de la posidonia, despertando un sentimiento público de concienciación ambiental”, añade el conseller. 

 

Y si no, siempre queda la repoblación

Al igual que los bosques terrestres se repueblan después de un incendio, ¿por qué no hacer lo mismo con la posidonia? Eso pensaron hace más de ocho años tanto Red Eléctrica de España (REE) como el Govern de les Illes Balears y el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) y decidieron crear la primera repoblación marina del mundo. El bosque marino tenía como objetivo la restauración, ya realizada, de 20.000 metros cuadrados de una antigua pradera de posidonia, antes degradada, ubicada en la Punta de l’Avançada, en la Bahía de Pollença (Mallorca), mediante la siembra de plántulas procedentes de semillas y fragmentos de Posidonia oceánica.

El proyecto ha supuesto aplicar los resultados y la metodología obtenida del proyecto previo de I+D+i, desarrollado por REE y el IMEDEA del 2013 al 2016, en las bahías de Santa Ponça, en Mallorca, y de Talamanca, en Ibiza, cuyas conclusiones indicaron que era viable técnica y económicamente proceder a restauraciones de praderas de posidonia. No existían, sin embargo, experiencias previas de una plantación de Posidonia oceánica en una superficie tan grande como la que realizada en Pollença.

buzo investigando que es el alga posidonia oceanica en su habitat del mediterraneo

Foto vía: REE

La zona se eligió después de analizar diferentes localizaciones y sus características (calidad de las aguas, condiciones ambientales, existencia previa de una pradera hoy degradada, etc.). Pero, ¿qué motivó el proyecto? “Red Eléctrica mantiene un firme compromiso a favor de la preservación de la biodiversidad y la lucha en contra del cambio climático. Además de este compromiso, como gestores de infraestructuras como los enlaces eléctricos submarinos, buscamos siempre evitar o minimizar su interacción con los fondos marinos y las praderas de Posidonia oceánica. En dos décadas son tres los enlaces eléctricos puestos en servicio en Baleares por la compañía, los que unen Mallorca con la Península, Ibiza con Mallorca y, el más reciente, que interconecta Menorca con Mallorca. Este es el punto de partida que nos llevó a buscar la colaboración del IMEDEA para emprender un proyecto de I+D+i para la reforestación de praderas de Posidonia oceánica, cuyo éxito derivó en una replantación de dos hectáreas, El Bosque Marino de Red Eléctrica, en la Bahía de Pollença (Mallorca)”, explica Eduardo Maynau, delegado de Red Eléctrica en Baleares.

Con esta iniciativa, que esta a punto de concluir, se han podido repoblar dos hectáreas de posidonia, en total 12.800 fragmentos en la bahía de Pollença (Mallorca). “Estamos pendientes de disponer de una valoración global de todo lo plantado, que posiblemente tendremos pronto”, explica Maynau. Sin embargo, el seguimiento del proyecto se extenderá más allá del período de ejecución ya que se seguirá evaluando la supervivencia y el crecimiento de los ejemplares trasplantados, así como la recuperación del ecosistema marino general asociado a la pradera de posidonia restaurada.

“Es también parte de nuestros objetivos que el conocimiento adquirido a través del proyecto está a disposición de la comunidad científica y las instituciones. El método empleado, las técnicas de monitorización, los códigos de las plántulas para su trazabilidad, la separación en cuadrículas, etc., han permitido estandarizar por primera vez un procedimiento de replantación de Posidonia oceánica que se ha convertido en una referencia para ser replicado incluso en el caso de otras especies, como la Cymodocea nodosa”, añade el delegado de Red Eléctrica.

El proyecto supone la primera replantación mundial submarina de un bosque además de crear un metodología y técnica únicas, inexistente previamente además de suponer una nueva forma de sumidero de carbono para poder compensar emisiones de gases de efecto invernadero a nivel europeo.

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