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Programa LIFE: viviendo en una casa de premio

Una de las herramientas ambientales más potentes del mundo para impulsar proyectos ambientales es, sin duda, el Programa LIFE de la Unión Europea. Mediante este plan económico, anualmente se cofinancian iniciativas relacionadas con el medio ambiente que abarcan desde la eficiencia energética, la biodiversidad, la reducción de la contaminación, mitigación del cambio climático o el despilfarro alimentario.

Se trata del programa ambiental más longevo de la Unión que, desde su nacimiento en 1992, ha permitido cofinanciar 5.500 proyectos. 

Más allá de las grandes cifras, la aspiración de conseguir cofinanciación va pareja a una altísima competencia que, año tras año, da cuenta del altísimo nivel de los aspirantes. De hecho, solo en la última de convocatoria de proyectos LIFE, la correspondiente a 2019, se presentaron un total de 1.250 solicitudes de las que al final se aprobaron solo 120, una décima parte. 

“El programa LIFE es un instrumento primordial para financiar proyectos de conservación medioambiental y, gracias a este programa, se han podido ejecutar en las Islas Baleares proyectos tan interesantes como, por ejemplo, el LIFE Posidonia cuya experiencia sentó los fundamentos del Decreto Posidonia”, explica Miquel Mir, conseller de Medio Ambiente y Territorio del Govern de les Illes Balears.

Además, se han ejecutado otras iniciativas, todas ellas relacionadas con el campo ambiental, entre las que se destacan, por ejemplo, el proyecto LIFE Bonelli que dio grandes resultados en la reintroducción de esta especie protegida en el territorio balear.

Proyecto Life Reusing Posidonia

Para reconocer la excelencia entre la excelencia que ya supone recibir cofinanciación del programa LIFE, anualmente se conceden tres premios: uno en la categoría de naturaleza que este año ha recaído en Eslovaquia; otro en la categoría de acción climática que se ha concedido a un proyecto ejecutado en Francia; y otro, en la categoría de medio ambiente, que ha premiado un proyecto ejecutado en Formentera.

Bajo el nombre de nombre LIFE Reusing Posidonia, la Unión Europea ha reconocido el proyecto de 14 viviendas de protección pública en régimen de alquiler de Formentera, impulsado por el Instituto Balear de la Vivienda (IBAVI), organismo dependiente del Govern de les Illes Balears.

Los orígenes del proyecto

Todo nació en 2009 cuando la gerente del IBAVI, Catalina Cladera, encargó al arquitecto Carles Oliver Barceló, la redacción del proyecto de 14 viviendas para cristalizar las mejoras recogidas en el estudio ambiental que se había adjudicado el mismo año en la consultoría Sociedad Orgánica.

Este documento analizaba una recopilación de soluciones y propuestas para reducir las emisiones de dióxido de carbono, el consumo de energía y de agua y minimizar la producción de residuos. El proyecto quedó en stand-by el año 2011 y se tuvo que recurrir a fondos europeos del programa LIFE + en la categoría de Gobernanza Ambiental para sacar el proyecto adelante.

La candidatura fue posible gracias al trabajo en equipo con Sandra Villamarín, quien luego fue directora del proyecto Life Reusing Posidonia de 2013 a 2015. Gracias a la subvención de la Unión Europea, no sólo se construyó el edificio prototipo de viviendas, si no que junto con la Dirección General de Energía y Cambio Climático del Govern de les Illes Balears y la Universidad de las Islas Baleares también se monitorizó su confort, el consumo de energía y agua, la producción de residuos en obra y se calculó su huella de carbono con el fin de ofrecer datos y valores de referencia a las administraciones de cara a futuras regulaciones.

Además, la Unión Europea, durante la fase de revisión del proyecto en 2012, exigió tareas de difusión para garantizar que el conocimiento que financiaba llegara a la población interesada (stakeholders) y, de esta manera, una vez ejecutadas las obras e iniciado el monitoreo, en 2018 con María Antonia Garcías como gerente del IBAVI, se emitió el documental Reusingposidonia, se publicó el libro, y se comisaría la exposición itinerante, entre otros.

El uso de la posidonia en la construcción

“El Decreto 25/2018, de 27 de julio, sobre la conservación de la posidonia oceánica en Baleares permite el uso de los restos de posidonia como aislante en la construcción. Sin embargo, se debe pedir permiso a la Consellería de Medio Ambiente del Govern de les Illes Balears porque la posidonia es una planta protegida”, explica Carles Oliver, director del proyecto LIFE Reusing Posidonia

Y es que la protección de las hojas muertas sobre la playa tiene como objetivo velar por el ecosistema dunar que, por un lado, necesita estas hojas para protegerse de las tormentas de otoño e invierno y, por otra, una recogida descontrolada de hojas podría provocar que se retirara un gran volumen de arena. Lo que hace viable la recogida de posidonia es la condición de excedente.

“En zonas como rocas, plataformas portuarias u otras infraestructuras, se puede retirar y utilizar todo el material acumulado aunque se tiene que informar al Ayuntamiento correspondiente y al Govern sobre la cantidad, procedencia y destino de los restos gestionados, dado que se trata de una especie protegida”, explica Oliver.

Una vez recogida la posidonia, solo se ha de secar al sol, sin añadir ningún producto y se dispone a granel entre los bastidores de madera que soportan el tablero superior del tejado. Después se ha de impermeabilizar por encima, como cualquier cubierta. La posidonia no queda expuesta.

¿Qué ventajas tiene vivir en una casa hecha con posidonia?

Autoría de las imágenes por orden de aparición: Foto 1 y 2: Peris Toral, 43 VPP en Ibiza; Foto 3: José Hevia, VPP en Palma; Foto 4 y 5: Carles Oliver; Foto 6: Maríà Castelló; Foto 7: José Hevia; Foto 8: Maríà Castelló; Foto 9: IBAVI, VPP en Palma

“Nos han transmitido que se vive mucho mejor que en una vivienda convencional: no hace tanto frío en invierno, ni tanto calor en verano. En general, sólo encienden la calefacción un par de semanas al año. En los próximos edificios que promueve este IBAVI, el objetivo es garantizar el confort en invierno prescindiendo de la calefacción”, detalla el arquitecto.

En relación al verano, se han cumplido los objetivos de reducción de demanda energética marcados, el hecho de haber utilizado una estructura de paredes maestras sin peso, con una densidad de 350kg/m3 (a modo de referencia la madera de pino tiene una densidad de 400 kilos por metro cúbico) y la desaparición de la brisa marina durante dos semanas a finales de julio y principios de agosto, como medio para enfriar, hacen necesaria la utilización de ventiladores.

Por este motivo, en general, “somos partidarios de recuperar la inercia provista mediante materiales de baja huella de carbono como mecanismo para enfrentarse al exceso de calor, si bien también estamos utilizando sistemas ligeros en lugares específicos para reducir los plazos de ejecución de las obras. Curiosamente, los elementos de la arquitectura tradicional han funcionado perfectamente, y donde hemos tenido algunos problemas de mantenimiento ha sido con los elementos tecnológicos de última generación”, explica Carles Oliver.

Un proyecto extrapolable

El proyecto va más allá de la utilización de posidonia como aislamiento en los tejados, es un nuevo modelo de edificación que demuestra que se puede decrecer en consumo de recursos y crecer en confort y, además, en equilibrio con los ecosistemas de alrededor. “Por un lado se prioriza la reducción de las externalidades negativas, tanto a lo largo del proceso de ejecución de las obras como durante la vida útil del edificio y, por otra, se persigue el mayor bienestar para los habitantes mediante sistemas pasivos que permitan regular temperatura y humedad, además de evitar la pobreza energética”.

Este modelo surge, paradójicamente, de la recuperación de los materiales propios de la arquitectura vernacular, es decir aquellos preindustriales susceptibles de fabricarse con energías renovables y que configuran el patrimonio y el paisaje cultural de cada lugar”.

La suma de estos materiales locales de bajo impacto y los agentes atmosféricos (sol, viento, lluvia, etc.) configuran lo que se denomina mapa de recursos del sitio. “Cris Ballester, actual gerente del IBAVI, ha hecho posible que este nuevo modelo se aplique en mayor o menor grado a la totalidad de los más de 900 viviendas de obra nueva del IBAVI en fase de obras o de redacción de proyecto.

A tal efecto, más allá del diseño arquitectónico, ha sido necesario revisar los procedimientos de licitación pública”, explica el arquitecto. Habitualmente se contemplaba la oferta más barata como medio para poder construir, supuestamente, más viviendas con menos recursos.

Actualmente se contempla la oferta más ventajosa, para evitar muchas otras externalidades negativas, “entre las que se pueden destacar el riesgo para la administración de posibles paralizaciones de las obras, el fomento indirecto de la explotación laboral de los trabajadores, la mala calidad de ejecución de la obra pública y las posteriores patologías y mantenimiento, o la construcción de un nuevo parque de vivienda que siga agravando la crisis climática.

Para conseguir esto, ha incorporado la noción de valor añadido, la responsabilidad social corporativa avanzada y la capacidad de ejecución como mecanismo para generar confianza”, añaden desde la dirección del proyecto.

Actualmente se está aplicando la experiencia del proyecto LIFE en tres obras del IBAVI a punto de finalizar, dos en Ibiza y una en Mallorca y, que este verano, se esté secando posidonia por tres obras más en Palma.

En total, 167 viviendas aisladas con hoja seca de posidonia en fase de construcción, sin contar los más de 200 viviendas en fase de redacción. “De hecho, la utilización de posidonia es extrapolable a todas aquellas áreas del Mediterráneo con praderas de posidonia en buen estado de conservación y con una regulación adecuada. Por ejemplo, en el Alguer”.

Pese a todo, no han sido un camino de rosas. ¿Dificultades? “Todas. No quedó ninguna en el cajón. Sin embargo, hace unas semanas, una empresa adjudicataria de unas obras del IBAVI solicitó si podía cambiar el aislamiento de corcho previsto en proyecto para posidonia. Hace siete años, cuando empezamos las obras, esto era impensable”, concluye.

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