Desde Yakarta hasta Ciudad de México, la subsidencia urbana avanza. ¿Por qué se hunden las ciudades y qué soluciones existen?
Igual que los seres humanos, las ciudades tiene sus “pies” sobre la tierra. Aunque sólo ocupan menos del 5% del suelo del planeta, la concentración de infraestructuras y edificios es tal que el “peso” de las urbes a veces supone un problema a lo largo de los años. Pocas son las ciudades que se han levantado de cero en las últimas décadas. La mayoría son superposiciones de ciudades preexistentes que se van desarrollando sobre las ruinas de sus antecesoras.
Esta acumulación de capas, y sus consiguientes instalaciones para responder a las nuevas las demandas urbanas, no siempre tiene en cuenta lo que hay debajo de ellas. Y no siempre es terreno sólido. A veces, acaban siendo gigantes con pies de barro cuya vulnerabilidad se acentúa con los impactos del cambio climático y el aumento de población. Y ocurre lo que se conoce como subsidencia.
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¿Qué es la subsidencia?
Este es el término técnico que hace referencia al hundimiento progresivo del terreno debido a diferentes causas, pero en la mayoría de los casos relacionadas con el estado de las aguas subterráneas o la extracción minera de fluidos y materiales sólidos del subsuelo.
Esto puede parecer un problema menor, pero a lo largo de los años, siglo tras siglo, provoca verdaderos huecos debajo de las ciudades que van cediendo por su propio peso afectando a todo tipo de infraestructuras; desde el sistema de tuberías para el abastecimiento y saneamiento del agua hasta los propios cimientos de los edificios y los túneles de las redes de metro, pasando por las líneas de telecomunicaciones, de gas, electricidad…
Con las horas contadas
Puede parecer una exageración, pero hay ciudades que tienen las horas contadas, incluso alguna ya está desahuciada. Hay casos en los que ya no se trata de realizar inversiones millonarias para revertir el problema del hundimiento. La naturaleza tiene sus propias reglas y no siempre se solucionan los problemas con dinero.
El Gobierno de Indonesia ha decidido “abandonar” su actual capital, Yakarta, construyendo una nueva en la isla de Borneo. ¿Cuál es el motivo para mudarse de una ciudad que actualmente tiene más de 10 millones de personas? La urbe asiática se hunde sin remisión debido al aumento en la extracción de agua subterránea (sus acuíferos son ahora cuevas vacías) y al aumento del nivel del mar debido al cambio climático. Y es que, hasta el punto de que ya el 40% de su superficie se encuentra por debajo del nivel del mar.
A la subsidencia de Yakarta hay que añadirle que, al igual que otras megaciudades de países emergentes, una buena parte de la trama urbana está compuesta por barrios informales construidos sin ningún tipo de planificación ni servicios públicos.
Debido a una rápida urbanización, este fenómeno también afecta a otras importantes ciudades de Asia, como es el caso de Karachi (Pakistán), Tianjin (China) o Manila (Filipinas).
Caso aparte por su excepcionalidad es Ciudad de México, donde el problema del hundimiento es crónico desde hace décadas. Hasta 50 centímetros al año se hunde en algunas zonas de su extensa área metropolitana que acoge más de 22 millones de habitantes, levantada en gran parte sobre el lago Texcoco. Cuanto más se drenan sus acuíferos menos agua retienen, creando movimientos de tierra que están afectando a la estabilidad del terreno que, además, está compuesto por elementos blandos y sedimentos.
Las ciudades norteamericanas tampoco se libran de la subsidencia. La mayoría de las urbes costeras y muchas del interior están hundiéndose. En total, 28 ciudades están en grave peligro, entre ellas Houston, que se hunde unos cinco milímetros al año, aunque tiene zonas que llegan a los cinco centímetros al año. Nueva York, Los Ángeles o Boston están en la misma situación.
Pero no siempre el problema está en el abuso de las aguas subterráneas. El panorama en África es en ocasiones desolador. Las actividades mineras están dejando literalmente vacío el subsuelo de muchos pueblos. En unos casos, la actividad minera comenzó a desarrollarse en el propio espacio urbano ya existente, y en otros las ciudades se levantaron de manera informal sobre las minas o muy cerca de ellas. Esto ocurre especialmente en el sureste de la República Democrática del Congo, en el llamado “cinturón de cobre”.
¿Esto tiene arreglo?
Hay situaciones irreparables donde las ciudades se van a hundir más y más, pero en otros casos todavía se está a tiempo de actuar. Como casi siempre, depende de la capacidad de inversiones. Las ciudades ricas tendrán esperanza, pero las más pobres están condenadas.
Lógicamente, la primera medida sería dejar de sobreexplotar los acuíferos y las aguas subterráneas, lo que no siempre resulta sencillo si hay que dar de beber a millones de personas. Las ciudades costeras siempre tendrán la oportunidad de invertir en desaladoras.
Si además de llover menos el suelo urbano está muy impermeabilizado, el agua no se filtrará. Nos hacen falta ciudades más permeables y con infraestructuras verdes que permitan unos espacios más naturalizados que posibiliten el ciclo natural del agua. Pero por encima de todo, la solución, como casi siempre en temas urbanos, está en planificar desde el sentido común, evitando crecimientos descontrolados y dimensionando el tamaño de las ciudades ajustándose a sus límites físicos. Y ni siquiera esto garantiza que se pueda esquivar el terrible problema de que el suelo desaparezca bajo nuestros pies.
