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Minería urbana: tu móvil como materia prima

Los desechos tecnológicos tienen una segunda vida con la minería urbana. Te explicamos en qué consiste y cómo está transformando nuestra relación con las materias primas de la tecnología.

En España, hay un teléfono móvil por persona guardado en un cajón. La cantidad de desechos tecnológicos en nuestro país y en el mundo no deja de crecer y superará en un lustro los 74 millones de toneladas. En el otro lado de la moneda, cada vez los recursos necesarios para la industria tecnológica son más escasos o llevan asociados más conflictos sociales y ecológicos a su extracción. La confluencia de estas realidades ha llevado a la promoción de la minería urbana. Explicamos qué significa y por qué es tan necesaria.

Mano de persona que va a hacer una foto con el movil a la calle

La minería urbana le da una nueva vida a tus aparato electrónicos

Si hablamos de minas, nuestra mente viaja inmediatamente a hoyos espectaculares a cielo abierto, o baja a galerías subterráneas donde un pobre canario advierte de la falta de oxígeno a los trabajadores. Pero, afortunadamente, hasta a la actividad minera ha llegado el reciclaje, y ahora tenemos el concepto ‘minería urbana’, que ha venido para quedarse.

No se trata de abrir boquetes en las arterias de la ciudad, sino de aprovechar los materiales que ya se extrajeron una vez, se usaron y, aun así, siguen teniendo vida por delante. Principalmente, nos referimos a desechos electrónicos, RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos), que van desde smartphones o televisores, que sustituimos con una velocidad pasmosa, hasta aparatos más antiguos como reproductores de VHS o DVD.

Se producen mundialmente más de 50 millones de toneladas de esta basura al año, de la que se recicla solo un 20%. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), al paso que vamos, este tipo de residuos superarán los 74 millones de toneladas en 2030.

Así que esta “nueva” minería se aleja del extractivismo de la anterior y se coloca más cerca de la deseada economía circular: el proceso de reintegrar productos a la economía para reducir desechos y prolongar la vida útil de los recursos que se acaban. Y decimos nueva entre comillas porque, aunque parezca un concepto rompedor, nació en Japón en los años ochenta. Aunque debido al gran impacto que tienen hoy los residuos electrónicos, cuando casi 7.000 millones de personas en el mundo disponen de teléfono móvil, cobra en estos tiempos una importancia ineludible, tanto por la cantidad ingente de desechos que se generan, como por la alta demanda de materias primas para seguir fabricando nuevos dispositivos.

La minería urbana empieza con el móvil que ya no usas y que tienes olvidado en ese cajón

imagen de móvil abierto en el que se le ve la bateríaUn teléfono móvil corriente como el que probablemente estás usando para leer esto, contiene unos 30 elementos diferentes, unos más comunes y otros especialmente ‘raros’. Algunos de sus minerales, como el estaño, el tántalo, el wolframio y el oro, se extraen, además, con pocas garantías para la seguridad o los derechos laborales de las personas que los trabajan.

En los próximos 100 años son muchos los elementos que, debido a su abuso y explotación, puede que hayan desaparecido o estén a punto de hacerlo. Un ejemplo es el indio, usado en pantallas planas (LED, QLED, OLED) o en láseres para fibra óptica. Sus minas son muy dispersas, ya que los grandes yacimientos ya han sido completamente explotados, y hay estudios que le conceden solo 20 años de estabilidad, tras los que su precio se disparará por su escasez.

Otro ejemplo es el litio. Este elemento, clave para la fabricación de baterías de coches eléctricos, híbridos y para muchas baterías de smartphones o tabletas, dejaría de estar disponible en la corteza terrestre si todos los vehículos que fabricamos hoy llevaran baterías eléctricas, algo que se coloca en un horizonte cercano. Para las conexiones eléctricas se utilizan metales como el tántalo, el níquel y el galio, y están presentes en la carcasa, otros como plásticos, aluminios, fibras de carbono e incluso oro.

Y para ver y escuchar lo que nos ofrece nuestro dispositivo, necesitamos de unos elementos químicos llamados tierras raras: el color y la luminosidad de la pantalla dependen del lantano, gadolinio, praseodimio, europio, terbio y disprosio; mientras que otros, como el neodimio o el praseodimio, son esenciales en los imanes que hay en altavoces y micrófonos.

Las tierras raras se encuentran en el centro del tablero geopolítico mundial. China controla alrededor del 60% de la producción mundial y representa el 35% de la oferta mundial de bienes manufacturados a partir de estos elementos. Así que hoy, tanto Europa como España, dependen enormemente del país asiático. Además, los procesos de extracción y refino de estos elementos son altamente tóxicos, generan grandes cantidades de residuos y requieren grandes volúmenes de agua.

La demanda de metales primarios de la Unión Europea alcanzará su punto máximo alrededor de 2040, y no parece que se pueda llegar a cubrir con producción propia ni a medio ni a largo plazo.  Y, mientras tanto, solo en España, hay unos 45 millones de teléfonos móviles olvidados en cajones. Esto es, casi un móvil extra por persona que representan una oportunidad para la minería urbana.

Sostenibles a golpe de ley

La Oficina Internacional del Reciclaje afirma que reciclar acero, por ejemplo, permitiría ahorrar un 75% en consumo energético frente al procesado del mineral de hierro, y en el caso del cobre, el ahorro sería todavía mayor, de hasta el 85%.

En este panorama, la Comisión Europea presentó en marzo de 2023 su propuesta para una “Ley Europea de Materias Primas Fundamentales” con el objetivo de “garantizar un suministro seguro y sostenible de materias primas fundamentales para la industria europea y reducir significativamente la dependencia de la UE”.

La ley fija parámetros de referencia para el suministro de materias primas que deben alcanzarse de aquí a 2030: “Un 10 % de las necesidades anuales de la UE se cubrirá con la extracción, un 40 %, con transformación y un 15 %, con reciclado. Como máximo, un 65 % del consumo anual de la UE de cada materia prima estratégica en cualquier fase pertinente de la transformación debería proceder de un tercer país determinado”, explican desde la Comisión.

Por otro lado, según el informe ‘Minerales para la transición energética y digital en España: demanda, reciclaje y medidas de ahorro’, publicado en diciembre por la Organización Amigos de la Tierra, el aumento en la recogida y reciclaje de metales a partir de los residuos tecnológicos lograría cubrir “el 57% de la demanda de minerales en el escenario de transición en el que se aplican las actuales políticas de transición energética y digital junto a una mejora en los sistemas de reciclaje”, para lo que, dicen, se necesitaría “impulsar el desarrollo de la industria de la minería urbana en España”.

coche eléctrico cargandose

La minería urbana va sobre reutilizar, sí, pero también sobre evitar la descomposición de los residuos

Pero además del agotamiento de los recursos, el reciclaje se hace inevitable para gestionar los peligros de dejar nuestra basura descomponerse sola. Los desechos electrónicos no reciclados conllevan importantes efectos ambientales, en la tierra o en el aire, debido a que contienen materiales tóxicos como plomo o zinc, entre otros. Por una parte, muchos de los desechos electrónicos de poco valor a menudo se queman, liberando toxinas que contaminan el aire. Y en el caso de los valiosos, su extracción de los dispositivos electrónicos se hace utilizando productos químicos, incluidos ácidos, que también expulsan elementos tóxicos al aire.

Por otra, cuando se acumulan en vertederos, los elementos contaminantes pueden filtrarse al suelo contaminando cultivos, aguas subterráneas, o lagos, ríos y estanques. Un estudio realizado en Ghana señaló que las toxinas de los desechos electrónicos han contaminado significativamente las vías fluviales del país, afectando seriamente la vida marina y el suministro de agua dulce.

¿Cómo contribuimos al cambio?

Otra diferencia con respecto a la minería tradicional es que, en la urbana, todos tenemos un papel importante (aunque muy fácil): cuando tengo un aparato que se va a convertir en residuo, tengo la responsabilidad de llevarlo a los espacios habilitados para su tratamiento. Bien sea el Punto limpio más cercano, o a cualquier establecimiento que venda productos electrodomésticos, puesto que tienen la obligación, por ley, de aceptar nuestro viejo aparato y encargarse de su reciclaje.

Los tipos de basura que servirían para esta minería urbana (y colaborativa) van desde grandes electrodomésticos como frigoríficos, hornos o lavadoras, a pequeños electrodomésticos como los secadores de pelo, los cepillos de dientes eléctricos o las tostadoras, monitores y pantallas, teléfonos móviles, tablets o equipos informáticos como los ordenadores.

“El destino final son plantas de reciclado específicas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Antes de llegar hasta su destino final es recogido por vehículos autorizados para la recogida y transporte de estos residuos hasta almacenes de consolidación y clasificación de las diferentes fracciones de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos”, explica Rafael Serrano, director de Márketing y Comunicación de ECOLEC, sistema colectivo de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP), encargado del reciclado de RAEE.

Punto limpio. ayto de Madrid

Una solución imperfecta

Uno de los principales desafíos de la minería urbana es la falta de tecnología avanzada y conocimientos técnicos, especialmente entre los países en desarrollo. Esto se suma a que recuperar materiales de tierras raras a partir de imanes requiere una importante dotación de mano de obra o tecnología dedicada.

Por otro lado, además del suelo, el agua y el aire, la salud de los trabajadores que manipulan los desechos electrónicos puede sufrir directamente, especialmente la de quienes trabajan en el reciclaje informal de desechos electrónicos. Los países en desarrollo tienden a reciclar los desechos electrónicos en sitios informales, incluso dentro de los hogares, sin el uso de equipos ni técnicas de gestión de desechos adecuados.

Dada la cantidad de sustancias químicas tóxicas presentes, el reciclaje informal de desechos electrónicos puede provocar problemas respiratorios y daños neurológicos, entre otros problemas de salud para quienes trabajan y viven cerca de estos sitios de reciclaje. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que hasta 12,9 millones de mujeres trabajan en el sector informal de residuos, lo que potencialmente las expone a ellas y a sus hijos por nacer a desechos electrónicos tóxicos.

¿Y qué pasa con el sector minero? Se trata de uno de los más castigados siempre que hay tiempos de cambio. Según Minería Sostenible de Galicia , la minería urbana es una tarea compleja, que precisa de tecnología y de inversión para su desarrollo, y “por ello, es el sector minero el que está mejor preparado para la recuperación de las materias primas de la basura tecnológica”.

Todas las tareas relacionadas con la minería urbana “son el campo de actividad de las empresas y profesionales de la minería. Se emplean máquinas, equipos humanos y tecnologías desarrolladas por la industria minera y minero metalúrgica”. De hecho, afirman, “a nivel mundial son las grandes empresas mineras como Glencore, BHP, Anglo American, Rio Tinto o Boliden las que están liderando los procesos de minería urbana con divisiones especializadas”.La minería urbana está estrechamente relacionada con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 12, referido a los patrones de producción y consumo sostenibles. También con el ODS 8, sobre trabajo decente y crecimiento económico; con el ODS 3, sobre buena salud y bienestar; con el ODS 6, sobre desechos limpios y saneamiento; con el ODS 14, sobre la vida submarina.

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