Las montañas de textiles desechados en Alto Hospicio, en pleno Atacama, dejaron una imagen difícil de olvidar: el desierto convertido en vertedero global de la moda rápida.
A raíz de las denuncias realizadas por la abogada ambientalista Paulin Silva en el año 2022, la atención mediática mundial puso sus ojos en la comuna de Alto Hospicio, en el norte de Chile en pleno desierto de Atacama.
Durante años y ante la desidia de las autoridades, el desierto chileno fue el destino final de millones de todo tipo de residuos pero, especialmente, de toneladas de ropa usada, incluso ropa desechada que nunca llegó a ponerse en el mercado. Es sin duda el ejemplo más destacado de lo que se denomina fast fashion o moda rápida.
Según la ONU, la moda rápida provoca que cada segundo se incinere o se envíe al vertedero el equivalente a un camión de basura lleno de ropa. Según las cifras oficiales, la industria de la moda es uno de los sectores más contaminantes del mundo, responsable de hasta el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. A esto hay que sumarle la alta demanda de agua del sector téxtil o la presencia de productos químicos en la ropa que pueden afectar a la salud de las personas y a la de los ecosistemas.
A pesar de estos datos alarmantes, la ropa se produce y se desecha a un ritmo sin precedentes. La ropa ya no debe durar, debe usarse poco y sustituirse por otra nueva.
En este artículo analizaremos el impacto de la “fast fashion” y analizaremos lo que podemos hacer como consumidores para abordar este problema global.
Las consecuencias ecológicas de la moda rápida
Según el medio Carro de Combate, entre el año 2000 y el 2015, la producción textil se duplicó a nivel mundial, superando los 100.000 millones de prendas anuales. Se compra un 60% más de ropa que hace 15 años y el número de veces que se utiliza cada prenda se reduce. Además, tan solo en España se generan más de 900.000 toneladas de residuos textiles cada año, de las que solo se logra reciclar algo más de la décima parte.
Pero ¿qué caracteriza a la moda rápida? ¿Qué es y qué no es fast fashion? Este concepto se basa en un modelo de negocio sostenido sobre grandes volúmenes de producción a bajo coste que permiten ofrecer nuevas ediciones con frecuencia. Si antes había dos temporadas al año (primavera/verano y otoño/invierno) ahora las nuevas colecciones son un goteo incesante para estimular el consumo.
Pero parece que la moda rápida se nos quedaba corta y en los últimos años ha surgido el “ultra fast fashion”, con ciclos de producción todavía más acelerados, precios todavía más bajos y volúmenes (y por lo tanto, residuos) cada vez mayores.
Veamos cuáles son los impactos principales de esta sobreproducción y sobreconsumo:
Producción y extracción de materia prima
Los principales materiales con los que se fabrica la ropa son sintéticos entre los que destaca el poliéster, la fibra más producida en el mundo, con un 57% del total. Es decir, plástico. Uno de sus principales problemas, además de los evidentes, vinculados a la propia extracción del petróleo, es que al utilizar, lavar y degradar la fibra de poliéster, ésta se descompone en microfibras. Al liberarse en el aire y en el suministro de agua, acaban en nuestros ríos, mares y alimentos, perjudicando también a la vida marina en el océano como ya hemos visto en este otro artículo sobre microplásticos. Por otro lado, su reciclaje es complejo porque normalmente se presenta mezclado con otros materiales, lo que dificulta volver a introducirlo en la cadena productiva para la fabricación de nuevas prendas.
La segunda de las fibras más empleadas es el algodón. A pesar de ser de origen orgánico, su cultivo se vincula al excesivo uso de pesticidas que dañan la salud del suelo y tienen un gran impacto sobre la biodiversidad sumado a un gran consumo de agua.
Manufactura
En esta fase la principal carga ambiental se concentra en el tejido, tintura y acabado, destacando el uso intensivo de agua, químicos tóxicos y energía. La manufactura textil consume gran cantidad de electricidad y muchas fábricas de China e India todavía dependen del carbón, lo que provoca emisiones de gases de efecto invernadero. Como añadido, emplean tintes y productos químicos que contienen metales pesados derivando en aguas tóxicas.
Transporte
En la moda rápida, el transporte marítimo y aéreo desde países productores hasta centros logísticos y puntos de venta agrega una cantidad no menor de carbono, con el transporte aéreo siendo particularmente impactante. Además, hay que considerar las devoluciones frecuentes características de la ultra fast fashion y los reenvíos.
Residuos
Es difícil encontrar cifras oficiales pero se estima que el 87% de los materiales y fibras utilizados para fabricar prendas acabarán en incineradoras o vertederos y que actualmente solo el 1% de estos artículos se recicla para convertirla en prendas nuevas.
Uno de los principales receptores de estos desechos es Ghana, donde, por término medio, el 40% de los millones de prendas que se exportan semanalmente allí acaban acumulándose en playas, ríos y vertederos informales.
Qué puedes hacer tú
Es fácil vernos envueltos en el consumo de productos que no necesitamos porque esta industria es un cóctel de marketing agresivo y ropa barata. Pero ecológica y socialmente nos está saliendo muy caro. Aquí algunas ideas para comenzar a hacer un uso más responsable de la ropa:
- Empieza por consumir con conciencia: antes de comprar, pregúntate si realmente lo necesitas y si lo usarás al menos 30 veces.
- No te dejes llevar por las compras impulsivas.
- Opta por ropa de calidad, atemporal y duradera, que reduzca la necesidad de reemplazo constante. También puedes apostar por marcas con prácticas sostenibles, certificaciones y producción ética.
- Dale una oportunidad a la segunda mano, los intercambios entre amigos y las plataformas de venta de ropa usada.
- Cuida lo que ya tienes: reparar y personalizar tu ropa prolonga su vida útil y reduce su impacto ambiental.
- Informa y comparte: hablar de los efectos de la moda rápida hace que más personas tomen conciencia.
Vivimos en la cultura del “usar y tirar”, desde la ropa hasta las tazas de café. Pero es importante recordar que nada de lo que producimos desaparece realmente.
