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Adiós a Jane Goodall, la etóloga que dio voz a los chimpancés

Jane Goodall falleció mientras seguía compartiendo su mensaje de cuidado del planeta. La primatóloga que convirtió la conservación en un movimiento ciudadano deja un legado científico y ético que marcó a generaciones.

Jane Goodall con mono

 

Pasadena, 1 de octubre. El auditorio ya estaba lleno: escolares con cuadernos sobre las rodillas, docentes, voluntarios ambientales, un murmullo de expectación que se apagó cuando alguien anunció, con un hilo de voz, que la Dra. Jane Goodall no hablaría hoy.

En el escenario quedó un atril vacío y, junto a él, la imagen de una mujer de 91 años que todavía viajaba por el mundo en su incansable defensa por el planeta y todos sus habitantes, inspirando a millones de personas con su mensaje de esperanza.

Goodall había muerto esa noche en Los Ángeles, por causas naturales, mientras seguía su inagotable gira de charlas. El silencio que siguió al anuncio —esas respiraciones contenidas, algunos sollozos, un aplauso tímido que se volvió homenaje— fue, sin quererlo, el último auditorio que llenó.

 

Una vida que cambió la frontera entre “ellos” y “nosotros”

Nacida en Londres en 1934, Jane Goodall fue la joven sin título universitario que, empezó su carrera en el mundo animal alentada por el antropólogo Louis Leakey, El intuyó que aquella observadora incansable podía descubrir lo que otros no veían y en 1960 la envió a estudiar a los chimpancés salvajes de la reserva de Gombe, en la orilla del Tanganica (Tanzania).

Su método se apartaba de la ortodoxia. Para empezar, en lugar de números, le dio un nombre a cada uno de los chimpancés. David Greybeard, Flo, Fifi, Goliath o Passion dejaron de ser “casos” para convertirse en protagonistas de una historia contada con rigor y empatía.

Fue en Gombe, pocos meses después de su llegada, cuando Jane vio a un macho adulto —al que había bautizado como David Greybeard— aproximarse a un termitero. Primero arrancó una ramita, luego la deshojó con precisión hasta dejarla fina. La introdujo en el montículo, esperó un segundo, la retiró cargada de termitas y se las llevó a la boca. El chimpancé repitió el gesto, con la naturalidad de quien hace algo aprendido.

Goodall entendió al instante que no estaba ante una simple curiosidad. No era solo usar una herramienta: David había fabricado la suya. Aquello tumbaba un dogma confortable —el de hacer “herramientas” como algo exclusivamente humano— y abría una grieta por la que se colaban preguntas nuevas: ¿qué más sabían, ¿qué más aprendían, qué transmitían entre ellos?

“Ahora debemos redefinir las herramientas. Stop. Redefinir al hombre. Stop. O aceptar a los chimpancés como humanos”. Este telegrama, que forma parte ya de la historia de la ciencia, fue la respuesta de su mentor, Louis Leakey.

Tras sus revolucionarios descubrimientos sobre la conducta de los chimpancés, Goodall fue aceptada en la Universidad de Cambridge donde obtuvo un doctorado en etología. Fue la octava persona a la que se le permitió estudiar un doctorado sin contar con una licenciatura previa.

Desde Ecovidrio queremos recordarla como esa persona comprometida con el medioambiente, el reciclaje y la acción ciudadana para construir un mundo mejor, tal y como nos recordaba en este vídeo.

 

De la ciencia a la movilización

Con los años, Goodall cambió la butaca del laboratorio por la del avión. En 1977 fundó el Jane Goodall Institute (JGI), y en 1991 lanzó Roots & Shoots, un programa educativo que hoy moviliza a jóvenes de decenas de países para proyectos locales con impacto real. No fue una renuncia a la ciencia, sino su consecuencia ética: si comprendemos, actuamos. Si sabemos que los bosques caen y las poblaciones de grandes simios menguan, ¿qué hacemos con ese saber? Su respuesta fueron miles de charlas y una red mundial de jóvenes aprendiendo a arreglar el mundo a escala humana.

En 2004, fue nombrada Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico en una ceremonia celebrada en el Palacio de Buckingham y en abril de 2002, El Secretario General, Kofi Annan, la nombró a Goodall Mensajera de Paz de Las Naciones Unidas, y en 2016 recibió el galardón ‘Personalidad Ambiental del año’ de Ecovidrio, entre otros muchos reconocimientos y premios.

Goodall no solo amplió lo que sabíamos de los chimpancés, sino que transformó la forma en la que narramos y nos acercamos a la naturaleza. Convirtió una estación de investigación en Gombe en un relato colectivo que aún continúa. Impulsó políticas contra el comercio ilegal de fauna y elevó el estándar ético del trabajo con grandes simios en laboratorios y santuarios. Su legado no es solo lo que aprendimos sobre los chimpancés, sino lo que aprendimos sobre cómo mirar sin prisa, nombrar con respeto y actuar en consecuencia.

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