Desde los osos polares hasta los anfibios, el impacto del cambio climático en los animales nos afecta más de lo que imaginamos.
Un oso polar buscando desesperadamente una placa de hielo donde sostenerse. Un banco de salmones desorientados en ríos demasiado cálidos. Un arrecife de coral que se desvanece en un mar sobrecalentado. El cambio climático no es solo una crisis de temperaturas y fenómenos extremos, es también una sentencia para millones de especies que luchan por sobrevivir en un mundo que cambia demasiado rápido.
Los ecosistemas están al límite, y con ellos, la biodiversidad que sustenta el equilibrio del planeta. A medida que los hábitats desaparecen, los ciclos naturales se desajustan y las enfermedades se propagan con más facilidad. La relación entre animales y cambio climático es cada vez más evidente: muchas especies no logran adaptarse al ritmo de transformación del entorno, lo que las empuja al borde de la extinción.
Pero ¿cómo les afecta exactamente el calentamiento global? ¿Qué especies están en peligro? Y lo más importante: ¿qué podemos hacer para protegerlas?
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Daños y pérdidas en sus hábitats
El cambio climático provoca alteraciones dramáticas en todo el planeta: Desaparición de glaciares y deshielo de los casquetes polares, desertificación, sequías y escasez de agua, fenómenos climáticos extremos como inundaciones, huracanes o tifones, etc.
Por ello, muchas especies necesitan migrar a otras zonas para encontrar condiciones más favorables. Este desplazamiento altera los ecosistemas existentes y pone en peligro a especies incapaces de adaptarse rápidamente. La relación entre animales y cambio climático se hace evidente cuando observamos cómo estos movimientos forzosos afectan tanto a la biodiversidad como a las comunidades humanas que dependen de ella. En el caso de especies de interés productivo, al disminuir, desplazarse o hasta desaparecer, afecta a nuestra producción de alimentos y otros productos que dependen de ellos.
La velocidad de estos desplazamientos es preocupante: Según un estudio publicado en 2020 en Nature Ecology & Evolution, las especies terrestres se mueven hacia los polos a una velocidad promedio de 17 kilómetros por década, mientras que las especies marinas lo hacen a unos 72 kilómetros por década.
Aproximadamente el 20% de las especies evaluadas hasta 2023 están en riesgo de extinción debido a ello, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Esta cifra podría aumentar significativamente si las temperaturas globales superan los 1.5°C por encima de los niveles preindustriales, límite que se marcó el Acuerdo de París para evitar impactos aún peores.
Alteraciones en sus ciclos biológicos y reproductivos
El cambio climático desincroniza ciclos biológicos fundamentales de muchas especies. Un estudio publicado en Nature en 2023 reveló que más del 80% de las 1.700 especies analizadas mostraron cambios fenológicos (alteraciones en los tiempos de actividades estacionales) por el calentamiento global.
Los cambios en los patrones estacionales provocan que muchas especies migratorias se muevan antes o cambien sus rutas migratorias. Por ejemplo, las mariposas y las aves dependen de ciertas plantas que florecen en momentos específicos del año. Si las temperaturas cambian, estas plantas pueden florecer antes o después de lo habitual, afectando la disponibilidad de alimentos y la supervivencia de las crías.
La relación entre animales y cambio climático también se refleja en la pérdida de sincronía entre especies que dependen unas de otras. Los cambios en la temperatura y la disponibilidad de nutrientes afectan a los insectos polinizadores, como las abejas. Esto no solo les perjudica a ellas, sino a todos los ecosistemas agrícolas que dependen de la polinización para producir alimentos.
Aumento de enfermedades y parásitos
También favorece la expansión geográfica y temporal de pulgas, garrapatas y mosquitos. Estos parásitos actúan de vectores que transmiten enfermedades a animales y a seres humanos, como el dengue o la malaria.
Este es otro claro ejemplo de cómo animales y cambio climático están interconectados: al modificarse las condiciones del entorno, los vectores de enfermedades encuentran nuevos hábitats donde proliferar, afectando tanto a la fauna silvestre como a nuestras mascotas. Así, aumenta el riesgo de la leishmaniosis, la enfermedad de Lyme o la dirofilariosis, entre otras.
Ejemplos de animales afectados por el cambio climático
Cada vez más especies se encuentran en peligro por el cambio climático y algunos incluso se les considera extinguidos por ello. Algunos ejemplos:
- Osos polares: Convertidos en el símbolo del cambio climático, el deshielo del Ártico está reduciendo drásticamente su hábitat y su capacidad para cazar focas, su principal fuente de alimento. Su población podría reducirse en dos tercios para 2050 si continúan las tendencias actuales de pérdida de hielo marino, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.
- Salmones: Con el aumento de las temperaturas en los océanos y ríos, experimentan desajustes en sus ciclos reproductivos, lo que podría reducir su población en las próximas décadas. Este es otro claro ejemplo del impacto de la crisis climática en los animales y cambio climático, que afecta tanto a especies terrestres como acuáticas.
- Tortugas marinas: Los cambios en las temperaturas de las aguas y el comportamiento de las mareas están afectando a su anidación, el sexo de las crías y con ello su supervivencia.
- Pingüinos: El deshielo de los hielos les afecta de manera muy grave. Las poblaciones de algunas de las especies más populares, como el emperador o el rey, descienden a un ritmo preocupante
- Corales: Aunque puedan parecer plantas, son una clase de colonia de animales relacionados con las medusas o las anémonas de mar. Además de otras causas, como la contaminación de los mares o la sobrepesca, el aumento de la temperatura de las aguas provoca su muerte. Con un calentamiento global de 1,5ºC para 2050, más del 70% de los arrecifes de coral desaparecerán, y si alcanza los 2 grados, prácticamente se extinguirán de la Tierra, según la organización conservacionista WWF.
- Anfibios: El 41% de todas sus especies están amenazadas de extinción, con el cambio climático como un factor agravante significativo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La relación entre animales y cambio climático se vuelve aún más preocupante en este grupo, especialmente sensible a las alteraciones del entorno.
- Koalas: El aumento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera reduce la calidad de las hojas de eucalipto, principal alimento de estos marsupiales endémicos de Australia. Además, los incendios forestales, exacerbados por el cambio climático, destruyen su hábitat.
- Sapos dorados: Se considera que se extinguieron en 1989 por el cambio climático. Vivían en bosques de alta montaña en Costa Rica.
- Zarigüeyas de los bosques de Queensland (Australia): Esta especie ya se encontraba en grave peligro, y la ola de calor de 2005 fue el detonante final para su desaparición.
¿Cómo podemos protegerlos?
Podemos tomar diversas medidas para proteger a los animales del cambio climático, y de paso a nosotros mismos:
- Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero: Adoptar fuentes de energía renovable, promover la eficiencia energética o reducir las emisiones de carbono son fundamentales para frenar el calentamiento global, y con ello el impacto en los animales.
- Conservar y restaurar hábitats críticos: Proteger los hábitats naturales de las especies, como los bosques, los océanos y los humedales, es fundamental para la supervivencia de muchas especies. Restaurar los ecosistemas dañados también es clave para ayudar a los animales a adaptarse a los cambios. Los ciudadanos pueden apoyar a las organizaciones que trabajan en ello.
- Promover la biodiversidad y la protección de especies: Implementar políticas de conservación que protejan a las especies más vulnerables y fomenten la biodiversidad puede ayudar a mitigar el impacto del cambio climático en los animales.
- Adoptar prácticas sostenibles: Llevar unos hábitos diarios ecológicos, como asumir las tres erres (Reducir, Reutilizar y Reciclar), optar por productos locales y de temporada, o disminuir el desperdicio de alimentos son también esenciales.
El cambio climático no es solo un problema ambiental, es una amenaza directa para la vida en la Tierra. Cada especie que desaparece altera el equilibrio de los ecosistemas y nos acerca a un punto de no retorno. Pero aún estamos a tiempo de actuar. Reducir nuestras emisiones, proteger los hábitats y fomentar prácticas sostenibles no solo salva a los animales, sino que también protege nuestro propio futuro. La pregunta es: ¿qué elegimos hacer hoy para evitar la extinción de mañana?

