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La controvertida protección del lobo ibérico

 

El control del lobo ibérico se ha convertido en un asunto de disputa entre quienes creen que debe existir una caza ordenada y los que defienden su libertad reproductiva. Y tú, ¿de qué lado te posicionas?

El pasado día 4 de febrero, el Gobierno de España tomó una de las decisiones largamente esperada por unos y muy contestada por otros. La inclusión del lobo ibérico en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRES) supuso, a la práctica, la prohibición de su caza. 

Pero, ¿hay muchos lobos en España?, ¿es necesario que se prohíba su caza?, ¿dónde vive?, ¿está el lobo ibérico en peligro de extinción?, ¿qué medidas se pueden implantar para su control? Intentamos pulsar la opinión entre sectores, aparentemente, irreconciliables.

¿Cuántos lobos ibéricos quedan?

A día de hoy, en la península Ibérica, hay más de 300 manadas de lobo ibérico, o lo que es lo mismo, más de 3.000 lobos

De estos, prácticamente el 90 % viven en Castilla y León, Galicia y Asturias, aunque con presencia mejor en Cantabria, Rioja y País Vasco. Hasta aquí, todo el mundo está de acuerdo. Pero no mucho más allá. 

“Se puede considerar que el estado del lobo ibérico en España es desfavorable según apunta la Comisión Europea en su último informe sobre el estado de conservación de la naturaleza en Europa”, explica Gemma Rodríguez, responsable Programa Especies Amenazadas de WWF España

“Esto se debe -continúa la especialista- a que el lobo ocupa un tercio de su área de distribución histórica y su situación es especialmente delicada en el sur de la Península Ibérica, de dónde han desaparecido poblaciones, por ejemplo, la de Extremadura y la de Andalucía. De hecho, día de hoy se puede considerar prácticamente extinguida de Andalucía”.

¿Cómo están nuestros países europeos con presencia del lobo ibérico? “Somos la región de Europa con mayor población de la especie. De hecho, si se establece una comparativa con otros países de nuestro entorno, como Francia, los censos de lobo se mantienen por debajo de 500 ejemplares en todo el país, cifra inferior al número de lobos censados tan solo en una provincia como León o Zamora”, detalla Luis Fernando Villanueva, director de la Fundación Artemisan.

Las formas de gestión del lobo ibérico

Determinar el cupo y cómo gestionar las poblaciones de lobo es, precisamente, donde radica una de las grandes diferencias entre las diferentes sensibilidades. 

Y es que la inclusión del lobo ibérico en el LESPRES supone, de facto, que la especie deje de ser especie cinegética al norte del río Duero, única zona donde la normativa europea (Directiva Hábitat) permitía su caza. Una caza utilizada habitualmente para controlar su población. 

“El crecimiento exponencial del lobo no es compatible con algunos usos del medio natural, como la ganadería extensiva, clave para el desarrollo rural y para la preservación de nuestro ecosistema. Por otro lado, el lobo juega un papel muy importante en la cadena trófica como superdepredador. Por todo ello, la opinión de la Fundación Artemisan es que el lobo es una especie a preservar, pero de forma controlada”, apunta Villanueva. 

Así lo pone de manifiesto la gestión que se ha hecho al norte del río Duero en Castilla y León por ejemplo, donde está el 80 % de la población pero también el 20 % de los daños a ganadería, siendo especie cinegética. 

“Si este modelo de gestión ha sido un éxito, ¿qué motivos puede haber para prohibir su caza donde la especie crece de forma sostenida?”, se pregunta el director de la Fundación Artemisan.

Sin embargo, este extremo no es compartido por parte de las organizaciones ambientales.

“Desde WWF consideramos que la caza del lobo tal cual se realiza hoy en día no tiene sentido y tiene que ser prohibida. En primer lugar, porque se trata de una especie de gran valor para los ecosistemas, una especie protegida por la Directiva Hábitat y que está sometida a una fuerte presión letal a través de la caza y a través de controles poblacionales que realiza la Administración y por una fuerte mortalidad ilegal que sufre esta especie”, afirma Gemma Rodríguez.

“Por tanto, la caza entendida como la creación de cupos cinegéticos por parte de las Comunidades Autónomas preventivos cada año consideramos que es un modelo que no tiene sentido en nuestros días”, dice.

Y es que los cazadores y ganaderos se sienten doblemente afectados: por un lado, por los daños causados directamente por el lobo ibérico y, por el otro, como víctimas colaterales de una legislación dictada desde las ciudades, muy alejadas de la convivencia diaria con el lobo. 

Polémica en torno al control del lobo ibérico

“Ganaderos y cazadores compartimos el interés en regular la población de lobo y nos ayudamos mutuamente si es necesario. Compartimos nuestro amor absoluto por el mundo rural y velamos por su futuro. De allí que nos apoyemos los unos en los otros”, explica Luis Berga, cazador y socio de Spainsafaris, empresa centrada en la organización de cacerías tanto dentro como fuera de España. 

Así, prosigue, “cuando el lobo provoca los daños que provoca, es normal que se genere recelo o animadversión, pero, atención, eso no significa que creamos que se deba exterminar. Ni mucho menos. El buen cazador y ganadero y todo aquel que aprecie el mundo rural es, primero de todo, conservacionista, amante de la naturaleza”, añade.

un lobo ibérico en su hábitat

¿Cómo controlar la población de lobos?

A a la hora de entrar en detalle sobre cómo gestionar la población del lobo ibéricos, las diferencias se acentúan aún más.  Así, en el caso de WWF, se apuesta por vallados cinegéticos de determinada altura y de incorporar a los mastines que cuidan del ganado con una gran efectividad, eliminar placentas de las ovejas recién paridas, entre otras medidas.

El informe sostiene que estas prácticas están estudiadas, tienen una gran efectividad y reducen en gran porcentaje los ataques. Una gestión que, en ningún caso, pasa por el control poblacional mediante caza”. 

Unas acciones que divergen de la Fundación Artemisan. Y es que, “ya teníamos un sistema efectivo de control de estas poblaciones mediante caza, pero dado el cambio legislativo lo que proponemos es que, al menos, ese control lo realicen las poblaciones locales de cada territorio bajo la supervisión de la administración”.

En la misma línea se manifiesta Luis Berga de Spainsafaris, “no, en absoluto se debe prohibir la caza del lobo. En su caso, regularla. Prohibir la caza sería un desastre para las comunidades rurales, las poblaciones silvestres de rebecos o cabra montés o cualesquiera menguarían en gran manera, los ataques al ganado aumentarían y habría una acentuación del enfrentamiento lobo versus ganaderos y, por ende, mundo rural versus ciudad, entendiendo la ciudad como el lugar donde se toman las decisiones que afectan al mundo rural”.

Más allá del debate ambiental existe un trasfondo económico que no se puede obviar. “La caza regulada aporta un beneficio ecológico increíble y científicamente demostrado. Y no lo digo yo con intereses partidistas. Lo dicen 130 científicos (algunos aseguran detestar la caza) que firmaban conjuntamente un informe en la revista Nature en la que dicen que la caza de trofeos es, sin duda, la mejor manera para garantizar la convivencia entre los humanos y la vida salvaje”.

Lo dice también National Geographic o WWF. Lo decía Félix Rodríguez De la Fuente, a quien los supuestamente ecologistas citan tantas veces sin haber escuchado entero su discurso. Y lo dicen las estadísticas: donde hay caza regulada, los accidentes disminuyen, las poblaciones de estabilizan o incluso aumentan y se garantiza la convivencia de humanos y vida salvaje”, añade Luis Berga

lobo ibérico en el monte especie en peligro de extinción

Imagen vía Econoticias

¿Prohibición de la caza del lobo ibérico servirá para sacarlo del peligro de extinción? 

El ejemplo está en Portugal donde no es especie cinegética y las poblaciones no están creciendo, sino disminuyendo. “Es posible que eso ocurra también en España. Teníamos un sistema de control que favorecía el crecimiento de la especie, sin embargo, se han tomado decisiones de carácter ideológico, pero nunca pensando en el futuro del lobo, sino en la imagen ante la sociedad. A veces no es sencillo explicar a una sociedad urbana alejada de la realidad del mundo rural algunas decisiones que se adoptan, pero es necesario”, explica Villanueva.

La caza del lobo a nivel profesional

Al igual que sucede con otras especies, ¿hay demanda profesional para la caza del lobo? “Sí, sin duda”, asegura tajante Luis Berga. “Todas las especies cinegéticas tienen un valor y, aunque el interés que despiertan en cada cazador es muy distinto, siempre existe interés”.

“Por otra parte, -advierte- cabe decir que no me gusta justificar la caza por los beneficios económicos que genera porque, primero de todo, no es la razón más importante y, sobre todo, porque el dinero puede llegar a justificar muchas actividades ética o moralmente reprochables. No obstante, el rédito económico es algo que está ahí, que no lo podemos obviar y que garantiza la sostenibilidad del medio rural. Debemos tratar de minimizar el impacto o garantizar la convivencia”, añade.

Hasta la fecha, la actividad cinegética relacionada con el lobo “dejaba unos recursos muy importantes para las poblaciones locales y ahora, tendrá que salir de nuestros impuestos porque lo harán empleados públicos. No tiene sentido”, añade Luis Fernando Villanueva.

Hace unos tres años la guardería de la Reserva de Caza de la Sierra de Gredos publicó una fotografía que mostraba la cantidad de trofeos de cabra montés que habían recogido en la montaña fruto de ataques de lobo en un año. 

“Habría no menos de 100 trofeos y sin conocer las puntuaciones de todos los trofeos, pero con la experiencia que me ha otorgado ser cazador profesional, diría que allí habría varios cientos de miles de euros en permisos de caza, que se traduce en pérdidas que pagamos todos. Usted y yo también”, afirma Berga. Otro dato: “¿sabe usted que el lobo mata por placer y no por necesidad? Esto es que cuando un lobo entra en un cercón de ovejas, matará tantas como pueda no cuantas sacie su hambre. Y, lo peor, no es la pérdida que le pueda generar al ganadero que, se supone que la abona la Administración tarde, mal o nunca, sino la pérdida futura ya que, por el estrés, las hembras pueden dejar de parir uno o dos años. Y eso no lo asume nadie más que el ganadero”, manifiestan desde Spainsafaris.

¿Qué te parecen las opiniones de estos especialistas ambientalistas?, ¿crees que deberían llevarse a cabo otro tipo de acciones para la conservación del lobo ibérico? ¡Déjanos tus comentarios!

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