Desde drones plantadores hasta máquinas recicladoras, descubre cómo la robótica y medioambiente se unen para combatir el cambio climático
Hay tareas no solo tediosas sino inabarcables para la mano humana, y frenar los efectos del cambio climático es una de ellas. Por suerte, la robótica y sus aplicaciones en el medioambiente vienen en nuestra ayuda para detectar focos de contaminación, vigilar cosechas y ecosistemas, o ayudarnos a ser más eficientes con el gasto de agua.
Todos recordamos a Wall-E, el entrañable y solitario robot de ojos tristes que era, en realidad, el último robot de reciclaje sobre la tierra. El mundo apocalíptico en el que vive (una Tierra del siglo XXIX abandonada por los humanos), es un escenario habitual cuando imaginamos al futuro y hay máquinas en la ecuación. Lo cierto es que los factores que afectan al medioambiente son muy diversos y la industria robótica es solo uno de ellos. De hecho, hay muchos ‘primos’ de Wall-E trabajando duro para ayudarnos en nuestra lucha contra el calentamiento global y demás torturas a las que sometemos al planeta.
Desde la limpieza de los océanos hasta la reforestación y el monitoreo de la biodiversidad, las máquinas (respondiendo a mentes humanas, aún no han adquirido conciencia como el tierno robot de Disney) nos ayudan a abordar los problemas de la emergencia climática con diferentes puntos de vista desde tierra, mar y aire.
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Robots terrestres: reciclaje y vigilancia de cultivos
Una de las aplicaciones más conocidas de la robótica en el medioambiente es en la gestión de nuestros residuos.. Uno de ellos es TrashBot, un robot desarrollado para la clasificación automatizada de residuos en entornos urbanos. Utiliza inteligencia artificial y sensores avanzados para separar correctamente los materiales reciclables de los no reciclables, mejorando así la eficiencia del reciclaje y reduciendo la contaminación.
Pero no todo iba a ser poner parches a nuestro consumo desmesurado. Otros robots se dedican a vigilar que la actividad agrícola sea eficiente y esté exenta de problemas. Por ejemplo, TerraSentia: un robot terrestre diseñado para monitorear la salud de los cultivos en tiempo real. Puede detectar enfermedades, medir el crecimiento y evaluar las condiciones del suelo, lo que sirve de mucha utilidad a los agricultores para tomar decisiones que mejoren la productividad y reduzcan el uso de agua y pesticidas.
En esta línea de reducir el agua también hay robots echando una mano (¡están por todas partes!): por ejemplo AQUA, de BrioAgro Technologies, que promete ahorrar hasta un 60% de agua y energía aprendiendo de la manera de regar del agricultor y sus condicionantes, haciendo el riego más eficiente cada día; o uno de Aquarius Spectrum, capaz de identificar fugas pequeñas en las redes de agua potable, antes de que se conviertan en problemas mayores, ahorrando millones de litros de agua.
Robots marinos: contra las islas de plástico
El reto más urgente en nuestros mares es limpiarlos. Unas 11 millones de toneladas de residuos plásticos llegan a los océanos cada año, donde pueden asfixiar y atrapar a algunas especies acuáticas. Hay animales que confunden los microplásticos, residuos plásticos de menos de cinco milímetros de longitud, con alimentos, se ingieren y se han encontrado en el zooplancton, peces, invertebrados y sistemas digestivos de los mamíferos.
Buena parte de estos desechos son arrastrados por las corrientes marinas y se acumulan en grandes “islas de basura” como la del Pacífico, con un tamaño estimado superior a la península Ibérica, y otros grandes parches de residuos flotantes en el Índico y en el Atlántico Norte.
De nuevo, la robótica y el medioambiente tienen aquí un papel fundamental. Una solución tecnológica para este problema se le ha ocurrido a Boyan Slat, un inventor de 21 años que ha creado el proyecto “The ocean cleanup”, un sistema de barreras flotantes autónomas diseñado para recolectar plástico en los océanos, apoyados por una plataforma central que se desplaza dentro de la red recolectando el plástico y agrupándolo para facilitar su transporte. Desde su lanzamiento, ha logrado recolectar miles de toneladas de desechos plásticos.
Su creador afirma que este ingenio es casi 8.000 veces más rápido y 33 veces más barato que los métodos convencionales, pudiendo limpiar la isla de basura del pacífico en 20 años frente a los cientos que supondría una recogida clásica.
Otro ingenio es WasteShark es un robot autónomo diseñado por RanMarine Technology para recoger basura y escombros flotantes en puertos y áreas costeras. Con un diseño inspirado en la naturaleza, según afirman en su web, puede operar de manera eficiente, recogiendo hasta 500 kg y trabajando 24 horas seguidas gracias a placas solares. Además, sus sensores permiten analizar la profundidad, la temperatura y la calidad del agua, y almacenar toda la información para analizarla.
Más allá de limpiar los fondos, robots como el Envirobot monitorean la calidad del agua en lagos y ríos a través de sensores que detectan contaminantes y cambios en el ecosistema.
Robots aéreos (y que se suben por las ramas)
Desde el aire nosotros podemos hacer poco, pero para los drones este es su espacio natural, y son muy útiles para tareas como la reforestación, ya que pueden plantar miles de árboles en un solo día, superando con creces la capacidad humana. Empresas como Dronecoria están utilizando drones equipados con sistemas de plantación de semillas para restaurar ecosistemas devastados por incendios y deforestación. Estos esfuerzos combinan robótica y medioambiente para maximizar el impacto positivo.
Los desarrollos biotecnológicos de esta compañía son libres y accesibles para el mundo. Su misión, cuentan en la web, es permitir “a entidades y empresas poder realizar reforestaciones eficientes de alto valor, bajo coste, y construir una comunidad en torno a ellas para formar una nueva economía de la restauración ecológica”.
Algo más cerca del suelo, en las copas de los árboles nos podemos encontrar con Slothbot, una especie de perezoso robótico diseñado para moverse lentamente entre los árboles, cuya función es el monitoreo de la biodiversidad. Equipado con sensores avanzados, este robot recopila datos cruciales sobre la salud de los ecosistemas.
«Espero que con Slothbot haya una generación verdaderamente interesada en lo que la robótica puede hacer para conseguir un mundo mejor», dice Magnus Egerstedt, desarrollador del proyecto.




