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El impacto global de comer producto local: descubre la soberanía alimentaria

La soberanía alimentaria es más que un ideal; es una necesidad urgente. Descubre cómo la producción local y las prácticas sostenibles pueden reducir el impacto ambiental y aumentar la seguridad alimentaria.

persona con caja con productos locales

¿Alguna vez te has parado a pensar que los aguacates del supermercado han viajado más kilómetros que tú? Bueno, quizás no es tu caso, pero seguro que han viajado más que la mayoría de las personas que los compran.

Nos hemos acostumbrado a encontrar en los lineales del supermercado cualquier tipo de alimento independientemente de que sea o no su época ideal de consumo. Esta realidad nos lleva a reflexionar sobre la soberanía alimentaria, un concepto que promueve la producción y el consumo local, respetando las temporadas y reduciendo el impacto ambiental. En el artículo de hoy vamos a poner sobre la mesa la cadena agroalimentaria global y hablaremos de estrategias más sostenibles de producción, distribución y consumo de alimentos. Porque tu dieta afecta al planeta, y mucho.

Soberanía alimentaria en un mundo globalizado

personas en campo recogiendo

La soberanía alimentaria es «el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados producidos mediante métodos sostenibles, y su derecho a definir sus propios sistemas alimentarios y agrícolas». Es un concepto relativamente nuevo, acuñado en 1996 por La Vía Campesina, un movimiento global de agricultores, que plantea una visión de futuro más justa para la producción de comida.

Este enfoque pone a los productores y al consumo de proximidad en el centro del sistema, reconociendo los alimentos como un derecho y un bien público, no como una mercancía.

La realidad nos muestra un panorama mucho más concentrado en el que la producción de alimentos está dominada por unas pocas megacorporaciones lo que provoca una serie de consecuencias negativas como el monocultivo masivo, que prioriza los alimentos con más mercado frente a otras especies, o la dependencia de los proveedores de semillas.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el 75% de los alimentos del mundo se generan a partir de solo 12 plantas y cinco especies animales. Esto no solo perjudica a la biodiversidad sino que limita la capacidad de las comunidades locales para ser autosuficientes.

En España no estamos libres de esta globalización alimentaria, a pesar de ser el cuarto exportador del sector agroalimentario de la UE, ya que la mitad de las importaciones nacionales de alimentos proceden de fuera de Europa, con Brasil, China y Marruecos como principales proveedores. Y esta es una tendencia que afecta a otros países europeos, por lo que la sostenibilidad alimentaria del viejo continente se puede ver seriamente amenazada las próximas décadas.

Podemos encontrar iniciativas para avanzar en la soberanía alimentaria. Sin ir más lejos, tenemos el Banco de Terras de Galicia, que junta personas propietarias de parcelas sin uso con personas interesadas en explotarlas, iniciativa que sirve también para evitar el abandono del rural. Otro ejemplo europeo son los «Proyectos Alimentarios Territoriales” (PAT)» del Gobierno Francés, que apoyan el desarrollo regional de cadenas alimentarias de proximidad desde la producción local hasta la distribución en mercados locales.

Hambre de Cambio: transformación del sistema alimentario

Solo un tercio de la alimentación mundial surge de pequeños productores, el resto está en manos de grandes multinacionales como Cargill, Bunge o Bayermujer en campo de maíz (anteriormente Monsanto) que concentran de forma considerable los mercados de alimentos básicos, como maíz, soja y trigo. Estas corporaciones no solo producen grandes cantidades de estos cultivos, sino que controlan otros aspectos de la cadena de suministro, desde las semillas hasta los productos finales.

Hay que alimentar a las personas, desde luego, pero aunque la producción intensiva de estos monocultivos sea más eficiente económicamente, esconde unas externalidades negativas que pueden traer consecuencias negativas a futuro, como la mencionada pérdida de la diversidad biológica del planeta.

Además, estos sistemas requieren grandes cantidades de pesticidas y fertilizantes, lo que puede degradar el suelo y contaminar el agua. También pueden agotar los nutrientes del suelo, reduciendo su fertilidad y contribuir al cambio climático a causa de la deforestación.

Por el contrario, los cultivos diversificados y con perspectiva ecológica que promueven la variedad y prácticas sostenibles al tiempo que generan riqueza local, pueden mejorar la resiliencia de los ecosistemas agrícolas, aumentar la seguridad alimentaria y reducir el impacto ambiental.

La buena noticia es que, a pesar de la complejidad del circuito alimentario global, hay una pieza clave: . Los consumidores tenemos la sartén por el mango y podemos llenar nuestra cesta de la compra con productos que nos ayuden a llevar dietas más sostenibles, alimentos de proximidad cultivados por productores locales, productos biológicos, etc.  

verduras y hortalizas colocadas en supermercadoLa soberanía alimentaria puede parecer una utopía en el contexto de un sistema alimentario globalizado y dominado por grandes corporaciones. Sin embargo, diversas experiencias demuestran que esta visión es tan viable como necesaria y que requiere de políticas que apoyen a los pequeños agricultores, prácticas agrícolas sostenibles y la participación activa de los consumidores

Si este artículo ha despertado tu curiosidad y te gustaría conocer más proyectos alineados con la soberanía alimentaria, te recomiendo las publicaciones de la Revista Soberanía Alimentaria, una edición digital periódica con casi 15 años de recorrido que ofrece una mirada crítica sobre el problema social y económico del mundo rural en España.

 

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